Brasil se encuentra a solo una semana de celebrar la primera vuelta de sus elecciones presidenciales, en un clima de alta tensión y con una disputa mucho más cerrada que la observada en el mismo periodo del proceso electoral de 2022. Los sondeos más recientes indican que el actual presidente, Lula da Silva, mantiene una ventaja estrecha sobre el senador Flávio Bolsonaro, aunque dicha diferencia se encuentra dentro del margen de error, lo que plantea un escenario de empate técnico.
De acuerdo con los datos proporcionados por el instituto Datafolha, el presidente Lula se ubica con un 40% de las intenciones de voto, mientras que el senador del Partido Liberal (PL), Flávio Bolsonaro, alcanza un 36%. Por su parte, el sondeo realizado por Quaest refleja una tendencia similar, situando al candidato del Partido de los Trabajadores (PT) con un 37% frente a un 33% de su rival. Ambos institutos han establecido un margen de error de dos puntos porcentuales para sus respectivos levantamientos.
Este panorama contrasta significativamente con lo ocurrido hace cuatro años. En septiembre de 2022, la brecha entre los candidatos era considerablemente más amplia. En aquel entonces, Datafolha mostraba a Lula con un 47% frente al 33% de Jair Bolsonaro, una diferencia de 14 puntos. De manera similar, Quaest registraba un 44% para el dirigente petista contra un 34% del entonces mandatario, marcando una distancia de 10 puntos. No obstante, el resultado final de aquella primera vuelta fue más ajustado, cerrando con un 48,43% para Lula y un 43,20% para Bolsonaro.
La tendencia actual muestra que la distancia entre los dos principales postulantes se ha reducido progresivamente a lo largo de la campaña. En el mes de junio, Datafolha reportaba una diferencia de 10 puntos, con un 41% para Lula y un 31% para Flávio. Para agosto, esta brecha se redujo a seis puntos y, finalmente, cayó a solo tres puntos en el estudio publicado el 21 de septiembre. El sondeo de Quaest, realizado entre el 17 y el 20 de septiembre mediante 2.004 entrevistas presenciales, ratifica este escenario de competitividad extrema.
En la recta final de la contienda, Lula ha centrado el debate político en la problemática de las apuestas deportivas. El mandatario implementó una medida provisional que prohíbe la operación, oferta, intermediación y publicidad de apuestas de cuota fija en el territorio brasileño, extendiendo esta prohibición a los casinos virtuales y los juegos en línea. Lula justificó esta acción drástica señalando el impacto social negativo de estas actividades, afirmando que el juego se ha convertido en una desgracia para las personas pobres, quienes pierden el control de sus finanzas y se endeudan profundamente.
Por su parte, Flávio Bolsonaro ha calificado este anuncio como una "estafa electoral". El senador argumenta que el propio Gobierno de Lula había regulado previamente este mercado, autorizando a 85 empresas y recaudando impuestos derivados de sus operaciones. Aunque la medida tiene fuerza de ley inmediata, su permanencia depende de la aprobación del Congreso Nacional en un plazo máximo de 120 días.
En cuanto a la estrategia de campaña, ambos candidatos han priorizado las periferias de los estados más poblados. Lula encabezó una marcha en São Miguel, en la zona este de São Paulo, mientras que Flávio Bolsonaro organizó una caravana de motocicletas en São João de Meriti, en el área metropolitana de Río de Janeiro. La importancia de estos estados es clave, ya que São Paulo concentra 34,1 millones de votantes, Minas Gerais 16,4 millones y Río de Janeiro 12,9 millones, según cifras del Tribunal Superior Electoral.
El enfrentamiento también se ha trasladado al ámbito digital y legal. El PT denunció que Meta restringió la cuenta publicitaria de Lula, solicitando a la plataforma la restauración del perfil oficial, una revisión humana de la medida y la conservación de las publicaciones. El equipo jurídico del partido advirtió que recurrirá a la Justicia si no se obtiene una respuesta favorable, calificando la acción de Meta como unilateral.
Simultáneamente, el PT presentó un documento ante la Corte Suprema de Brasil solicitando explicaciones sobre una posible injerencia extranjera en la campaña. El partido puso el foco en Rockbridge Network, una organización de derecha estadounidense, y pidió aclarar si existe un respaldo externo a la candidatura de Flávio Bolsonaro, mencionando específicamente el papel de figuras como Tallis Gomes, Pedro Sang y André Marinho.
Finalmente, en su intervención ante la ONU el pasado 22 de septiembre, Lula reafirmó la soberanía del país, declarando que Brasil no permitirá que enemigos internos o externos socaven la voluntad popular, asegurando que la democracia brasileña pertenece exclusivamente a sus ciudadanos.




