La culminación de los Juegos ODESUR ha dejado un sabor agridulce para el fútbol juvenil, no por el resultado deportivo, sino por las graves acusaciones surgidas tras la final disputada el pasado viernes entre Paraguay y Argentina. Joaquín Bogarín, integrante de la Selección Paraguaya Sub 20, ha roto el silencio para arremeter contra el desempeño y la conducta del juez central del encuentro, el ecuatoriano Oswaldo Contreras.
Según el testimonio brindado por el futbolista, el comportamiento del colegiado no fue el esperado para un encuentro de tal magnitud. Bogarín afirmó que los cruces y las fricciones generadas por Contreras con los jugadores de la Albirrojita fueron constantes a lo largo del partido. El juvenil destacó que estas actitudes hostiles no fueron dirigidas únicamente hacia su persona, sino que también afectaron a otros compañeros, mencionando específicamente el caso de Eduardo Delmás, quien también habría sido blanco de las acciones del árbitro.
La gravedad de las denuncias radica en el contenido de las palabras utilizadas por el juez ecuatoriano. De acuerdo con el relato de Bogarín, Contreras utilizó un lenguaje ofensivo y despectivo durante el desarrollo del juego. El jugador señaló que el árbitro le llegó a decir que Argentina "nos estaba pegando un baile", intentando así desmoralizar al equipo paraguayo mediante comentarios sobre el dominio del rival en el terreno de juego.
Sin embargo, los insultos trascendieron el análisis deportivo para convertirse en ataques personales. Bogarín denunció que el juez central lo llamó "marica" y "cagón", términos que resultan inadmisibles en el marco de una competición oficial. Además, el árbitro le habría ordenado que se callara, cerrando el ciclo de agresiones verbales con una frase cargada de prejuicios nacionales, al afirmar que Paraguay es un "país chico".
Ante tales provocaciones, el juvenil paraguayo admitió haber reaccionado. Bogarín confesó que le respondió al árbitro utilizando el mismo término, calificándolo a él también de "cagón". No obstante, el jugador subrayó un punto crítico sobre la autoridad del juez: a pesar de la respuesta verbal y el enfrentamiento directo, Contreras no tuvo la valentía de expulsarlo del campo de juego, evidenciando, según el futbolista, una falta de coherencia en la aplicación del reglamento y una debilidad en su postura como máxima autoridad del encuentro.
Este clima de tensión y hostilidad, descrito por el jugador, se desarrolló en un contexto de alta presión competitiva. Las declaraciones de Bogarín ponen de manifiesto una situación donde el arbitraje, lejos de servir como mediador y garante del orden, habría actuado como un agente provocador, afectando la integridad emocional de los atletas a través de insultos personales y comentarios denigrantes sobre la nación que representaban.
A pesar de este entorno conflictivo y de las agresiones verbales denunciadas, el desempeño deportivo de la Selección Paraguaya Sub 20 se mantuvo firme. La "Albirrojita" logró sobreponerse a las circunstancias y a la actitud del juez central para consagrarse campeona del torneo. La victoria fue especialmente significativa ya que se obtuvo frente a Argentina, derrotándola en su propia condición de local.
El éxito de Paraguay en este torneo no fue un hecho aislado, sino que reflejó una superioridad deportiva sostenida frente al equipo albiceleste. En el marco de los Juegos ODESUR, la selección paraguaya logró vencer a Argentina en dos ocasiones distintas, consolidando su camino hacia el título y demostrando que la capacidad atlética del equipo prevaleció sobre las dificultades externas y las polémicas arbitrales.
En resumen, mientras que en lo deportivo la Albirrojita celebra un campeonato merecido, en lo disciplinario queda abierta una herida debido a las declaraciones de Joaquín Bogarín. El caso deja en evidencia una serie de presuntas faltas éticas por parte de Oswaldo Contreras, cuya gestión del partido es ahora cuestionada no por sus decisiones técnicas, sino por el trato humano y profesional brindado a los jugadores paraguayos.






