La economía de los hogares salvadoreños, particularmente de aquellos con menores ingresos, enfrenta actualmente un escenario de creciente presión. Esta situación es el resultado de una combinación crítica de factores: el encarecimiento sostenido de los productos alimenticios básicos y una notable desaceleración en el ritmo de crecimiento de las remesas familiares, que constituyen uno de los pilares fundamentales del consumo interno en el país.
Según datos suministrados por la Oficina Nacional de Estadística y Censos (ONEC), el costo de la canasta básica alimentaria urbana alcanzó los $264.73 mensuales en agosto. Esta cifra representa un incremento aproximado del 5.6 % en comparación con el mismo mes de 2025, cuando el costo se situaba en $250.79. Es relevante señalar que este monto se posiciona como el segundo valor más alto registrado por la ONEC en los últimos 25 años, lo que evidencia la magnitud del impacto en el bolsillo de los consumidores.
El análisis detallado de los precios revela que el encarecimiento no ha afectado a todos los rubros por igual. Entre enero y agosto de 2026, el sector de las hortalizas experimentó el aumento más agresivo, con un incremento cercano al 17 %. Le siguen los huevos, que subieron un 9.4 %, y las frutas, con un alza del 6.2 %. Estos incrementos en productos esenciales reducen drásticamente el margen de maniobra de las familias, obligándolas a recortar otros gastos básicos para poder cubrir su alimentación.
Paralelamente, el respaldo financiero que proporcionan las remesas ha empezado a mostrar señales de agotamiento en su ritmo de expansión. De acuerdo con datos del Banco Central de Reserva (BCR), El Salvador recibió $6,788.3 millones en remesas entre enero y agosto de 2026. Si bien esta cifra implica un crecimiento del 3.8 % respecto al mismo periodo de 2025, la preocupación radica en la comparación con el año anterior, donde el crecimiento se situaba en un 18.4 %. Esta desaceleración es significativa dado que el consumo nacional depende en gran medida de estos flujos externos.
Estados Unidos se mantiene como la fuente predominante de estos recursos, aportando más de $6,261 millones entre enero y agosto, lo que equivale al 92.2 % del total recibido por el país. Al respecto, el Banco Mundial ha advertido que una moderación en la entrada de estas remesas podría reducir el ritmo al que ha disminuido la pobreza en el país, ya que estas transferencias actúan como el principal soporte para millones de personas.
El impacto de esta coyuntura es más severo para los hogares más vulnerables, quienes destinan una proporción mucho mayor de sus ingresos totales a la alimentación. En este sentido, el organismo FEWS NET ha emitido advertencias durante 2026 sobre la existencia de condiciones de estrés alimentario en diversas zonas del país, especialmente en el Corredor Seco Oriental. Este estrés es provocado por el agotamiento prematuro de las reservas alimentarias domésticas, una mayor dependencia de los mercados locales y precios que se mantienen por encima de los promedios habituales.
Ante esta realidad, las familias han comenzado a adaptar sus comportamientos de consumo. Las estrategias incluyen la compra de productos más económicos, la reducción de las cantidades adquiridas, el recurso al crédito para cubrir necesidades básicas o la eliminación de otros gastos no alimentarios.
En términos de seguridad alimentaria, el informe "El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026" indica que el 41.7 % de la población salvadoreña experimentó inseguridad alimentaria moderada o grave entre 2023 y 2025. Aunque esto no implica necesariamente que toda esa población haya pasado hambre, sí confirma que una parte considerable de la sociedad enfrentó dificultades constantes para acceder a una alimentación adecuada.
Es fundamental, no obstante, realizar una lectura precisa de los datos actuales. Hasta septiembre de 2026, no existe evidencia oficial actualizada que permita afirmar que la pobreza monetaria haya aumentado este año. De hecho, el Banco Mundial estimó que la pobreza disminuyó del 29.6 % al 28.4 % en 2025. Por lo tanto, el escenario actual se define técnicamente como un aumento de las presiones económicas sobre los hogares y no como un incremento comprobado de la pobreza nacional.
El riesgo reside en la convergencia de tres factores: alimentos costosos, remesas que crecen más lento y una economía familiar que debe absorber mayores costos sin un incremento proporcional de los ingresos. La evolución de los precios en los próximos meses y el comportamiento de las remesas serán los indicadores clave para determinar si estas presiones derivan en un deterioro generalizado de las condiciones de vida en El Salvador.





