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El Papa León XIV llama a la conversión y defiende la sacralidad de la vida desde Lourdes

“La Virgen nos pide que hagamos penitencia, no sólo por nosotros mismos”, sino también “‘por los pecadores’, por un mundo que va mal”, dijo el Papa ...

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El Papa León XIV llama a la conversión y defiende la sacralidad de la vida desde Lourdes

En el marco del tercer día de su Viaje Apostólico a Francia, el Papa León XIV presidió una Santa Misa en la pradera del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, donde se dirigió a una multitud de peregrinos procedentes de diversas latitudes. En un emotivo inicio de homilía, el Pontífice describió el encuentro como el "rostro universal de la Iglesia", expresando su alegría por reunir a familias y creyentes que han atravesado continentes y superado fatigas para llegar a la Gruta sagrada.

El núcleo del mensaje del Santo Padre se centró en una llamada a la conversión, describiéndola como una invitación "tierna y apremiante". Basándose en los textos litúrgicos del domingo y en el mensaje que la Virgen María confió a santa Bernardita, León XIV advirtió sobre el peligro de los "corazones cerrados". Citando el Evangelio de Mateo, el Papa reflexionó sobre la tristeza de Jesús ante quienes no se arrepienten, subrayando que Dios no desea la perdición de sus hijos. En este sentido, enfatizó que la penitencia no es un acto postergable, sino una necesidad urgente: "es hoy -no mañana- cuando hay que convertirse".

Durante su intervención, el Pontífice estableció una distinción clara entre la felicidad terrenal y la eterna. Calificó la alegría en la tierra como una realidad "efímera, relativa y, por desgracia, a veces inaccesible", contrastándola con la esperanza de la vida eterna, la cual debe ser el objetivo principal de toda búsqueda y decisión humana. Para respaldar este punto, recordó las palabras de la Virgen a santa Bernardita: "No te prometo que serás feliz en este mundo, sino en el otro".

León XIV fue enfático al señalar que esta promesa sacude las mentalidades contemporáneas, especialmente en una sociedad volcada hacia el progreso y el bienestar material que tiende a olvidar la trascendencia. El Papa denunció las corrientes actuales que intentan redefinir el valor de la vida humana cuando esta se ve afectada por la vejez, la enfermedad o el sufrimiento. Frente a ello, posicionó la Gruta de Massabielle como un "santuario de la esperanza cristiana" donde la fragilidad no es rechazada, sino acogida. El Pontífice destacó que las sillas de ruedas y las lágrimas no son obstáculos, sino el lugar donde el amor infinito de Dios se manifiesta plenamente.

En cuanto a los impedimentos para alcanzar la gracia, el Papa señaló al pecado y al retraimiento en uno mismo como los únicos obstáculos reales. Recalcó que la libertad es una condición indispensable del amor, ya que "no se puede amar por obligación", y exhortó a los fieles a utilizar esa libertad para decir "sí" a Cristo, siguiendo el ejemplo de María.

El Papa también vinculó la necesidad de la penitencia con la situación global actual. Al analizar la insistencia de la Virgen en la palabra "¡Penitencia!", León XIV cuestionó la tendencia humana a considerarse sin pecado y llamó a realizar actos de reparación no solo por beneficio personal, sino por un "mundo que va mal". El Pontífice señaló que los conflictos extendidos que destruyen vidas inocentes provienen del corazón del hombre y no de Dios, insistiendo en que es el corazón humano lo que debe cambiar.

Asimismo, el Santo Padre extendió esta exigencia de conversión a la propia Iglesia. Reconoció la necesidad de que la institución tenga el valor de vivir su propia conversión para sanar "profundas heridas, infidelidades y dolorosos extravíos". Citando a san Agustín, recordó que para progresar espiritualmente es indispensable que al creyente le desagrade lo que es hoy si desea llegar a lo que aún no es.

Hacia el final de su homilía, León XIV se dirigió especialmente a los enfermos, asegurando que su papel en la Iglesia es insustituible. Les invitó a vivir sus dolores en un espíritu de ofrenda, integrándose en un proceso redentor necesario para el mundo. Finalmente, exhortó a todos los peregrinos a regresar a sus hogares no como simples visitantes, sino como "misioneros de la esperanza", capaces de ser testigos de la ternura divina en sus familias, diócesis y países.

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