Colombia e Irán han roto sus relaciones diplomáticas, desatando un fuerte intercambio de acusaciones entre Teherán y Bogotá. El Gobierno colombiano, liderado por el presidente Abelardo de la Espriella, informó que la ruptura se hizo efectiva el pasado 19 de septiembre.
Esta decisión se enmarca en un giro de la política exterior de Bogotá hacia una nueva estrategia de seguridad nacional hemisférica. Como parte de estas medidas, Colombia ha restablecido sus vínculos con Israel y ha reforzado sus lazos con Estados Unidos. Además, el Gobierno colombiano declaró formalmente a la Guardia Revolucionaria iraní como una organización terrorista, argumentando que este grupo reprime a la población de su país y ejecuta operaciones encubiertas fuera de sus fronteras.
Por su parte, el Gobierno de Irán condenó enérgicamente la medida, calificándola de "injustificada y hostil". El Ministerio de Exteriores iraní afirmó que la decisión de Colombia fue adoptada únicamente por influencia de Estados Unidos y el "régimen sionista", señalando que Bogotá ha actuado en contra del principio de respeto mutuo.
La respuesta de Teherán incluyó graves acusaciones contra el Ejecutivo colombiano, afirmando que Bogotá está fuertemente influenciada por carteles de producción y distribución de drogas, y que forma parte de una red de narcoterrorismo en el continente americano. Debido a esto, Irán sostuvo que Colombia no está en posición de dar lecciones sobre terrorismo y drogas, calificando la ruptura como un intento hipócrita de desviar la atención de su responsabilidad en el tráfico internacional de estupefacientes.
Ambos países mantenían relaciones diplomáticas desde abril de 1975, pero a partir de ahora el vínculo se limitará únicamente al nivel consular. El Gobierno iraní advirtió que adoptará las medidas necesarias para proteger sus intereses nacionales ante esta situación.
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