Desigual, la marca que nació de una chaqueta tejana de segunda mano en Barcelona, está ejecutando un ambicioso plan para recuperar su relevancia en el mercado. Tras alcanzar su cima en 2014 con una facturación cercana a los mil millones de euros, la firma enfrentó un declive debido a un producto repetitivo y al envejecimiento de su clientela.
Para revertir esta situación, desde 2019 la compañía inició una transformación profunda. El fundador recuperó el control total de la empresa y se redimensionó todo: desde el logo y las tiendas hasta el propio producto. El objetivo era claro: rejuvenecer la marca. Los datos indican que la estrategia funciona; la edad media de sus clientas se ha reducido en más de diez años, situándose ahora en los 38, y el canal digital ya representa el 44% del negocio.
En el aspecto financiero, Desigual ha vuelto a registrar resultados netos positivos en 2024 y 2025, aunque las cifras totales están lejos de los máximos de hace una década. Actualmente, la marca impulsa su crecimiento en mercados como Estados Unidos, China y Japón, mientras apuesta por colaboraciones internacionales en formato cápsula con firmas como Ottolinger o la diseñadora Masha Popova.
La nueva etapa también incluye una apuesta por la tecnología. Desigual busca implementar la inteligencia artificial para reducir sus ciclos de diseño a menos de seis meses, permitiéndoles reaccionar más rápido a las tendencias del mercado. A pesar de algunas polémicas en sus campañas publicitarias, la empresa busca consolidar un modelo de crecimiento sólido y sostenible para que, finalmente, la vida vuelva a ser chula.
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