En un escenario diplomático sumamente inusual, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, encabezó una sesión de preguntas y respuestas con un grupo de periodistas en Nueva York. El encuentro tuvo lugar el pasado jueves en el hotel Millennium Hilton, ubicado a poca distancia de la sede de las Naciones Unidas, un día después de que el mandatario se dirigiera a la Asamblea General de la ONU. A pesar de que Irán y Estados Unidos se encuentran actualmente en un estado de guerra, Pezeshkian realizó su visita bajo la protección del Servicio Secreto de Estados Unidos.
Durante la sesión informativa, que contó también con la presencia del ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Aragchi, el presidente Pezeshkian abordó temas críticos como el programa nuclear de su país, la disidencia interna y el conflicto bélico con Washington. Uno de los puntos más controvertidos de la charla fue la negación categórica de que el Gobierno iraní haya intentado asesinar a Donald Trump. Pezeshkian afirmó que nunca ha sido la posición de su Gobierno, ya sea de manera abierta o encubierta, buscar el asesinato de Trump o de sus familiares.
Estas declaraciones contrastan fuertemente con las acusaciones de las autoridades estadounidenses. El Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció a finales de 2024 cargos federales por un complot iraní frustrado para matar a Trump antes de las elecciones presidenciales. Asimismo, el Servicio Secreto estadounidense informó el mes pasado sobre un video transmitido por la televisión estatal iraní que parecía amenazar la vida de Barron Trump, el hijo menor del expresidente. Esta información fue respaldada por inteligencia compartida por Israel, que indicaba la existencia de un plan detallado para eliminar a Donald Trump.
Por su parte, el propio Donald Trump ha expresado públicamente su preocupación, señalando en julio que probablemente se encuentra en "cualquier lista" de objetivos y describiendo al régimen iraní como "malvado y enfermo". En esa misma línea, la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, respondió a los comentarios de Pezeshkian subrayando que el régimen ha asesinado a miles de sus propios ciudadanos, ha matado a estadounidenses en el extranjero y ha perpetrado actos de terrorismo en el estrecho de Ormuz. Kelly enfatizó que el presidente estadounidense está trabajando para garantizar que un país con tales acciones nunca posea un arma nuclear.
Otro aspecto relevante de la rueda de prensa fue la actualización sobre el estado de salud del líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei. Pezeshkian describió una reunión presencial mantenida hace aproximadamente un mes, la cual duró unas siete horas. El presidente aseguró que no observó ningún problema importante en la salud o el aspecto físico de Jamenei, detallando que ambos estuvieron sentados sobre cojines en el suelo y que se levantaron para caminar durante el encuentro. Estas declaraciones buscan calmar las especulaciones sobre la salud del líder, quien no ha sido visto en público desde el inicio de la guerra y de quien se cree que sufrió heridas graves en el ataque de Estados Unidos e Israel en febrero, evento que mató a su padre y predecesor, Ali Jamenei.
En el ámbito económico, Pezeshkian reconoció que Irán enfrenta "problemas de una dificultad sin precedentes". Calificó las sanciones impuestas por Estados Unidos como una "campaña asesina silenciosa", señalando que estas, sumadas a la guerra, han asfixiado la economía, provocando escasez de artículos básicos y un aumento en los precios. Estas condiciones fueron determinantes en las manifestaciones contra el régimen que estallaron en Teherán en 2025.
Finalmente, el mandatario iraní mantuvo una postura firme respecto a la guerra, asegurando que su país "no se rendirá". Justificó los ataques a las bases estadounidenses en la región, calificándolas de objetivos legítimos por haber sido utilizadas para atacar a Irán, y afirmó que la mayoría de estas instalaciones ya no son utilizables. Esta afirmación coincide parcialmente con un informe del Pentágono que indica la destrucción de cientos de estructuras en bases de Medio Oriente durante los primeros meses del conflicto.
La visita de la delegación iraní fue estrictamente supervisada por el Departamento de Estado, que aclaró que los delegados fueron admitidos únicamente para representar a la República Islámica ante la ONU. Según el funcionario estadounidense, cualquier movimiento fuera de la sede de la ONU, el Aeropuerto JFK o las instalaciones de la misión iraní requería aprobación previa, limitando sus actividades exclusivamente a asuntos relacionados con las Naciones Unidas.




