En un escenario marcado por la tensión diplomática y el conflicto bélico, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, rompió el estricto control de prensa que suele rodear sus apariciones en su país natal para responder a las preguntas de un grupo de periodistas en Nueva York. El encuentro tuvo lugar el jueves en el hotel Millennium Hilton, ubicado a corta distancia de la sede de las Naciones Unidas, un día después de que el mandatario se dirigiera a la Asamblea General de la ONU.
La situación resultó particularmente inusual, ya que Pezeshkian, líder de una nación que mantiene un estado de guerra con Estados Unidos, se encuentra en territorio estadounidense bajo la protección del Servicio Secreto. Durante la sesión, que contó también con la presencia del ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Aragchi, el presidente iraní reiteró las posturas oficiales de su gobierno respecto al programa nuclear, la disidencia interna y el desarrollo de la guerra.
Uno de los puntos más críticos de la jornada fue la respuesta de Pezeshkian a las acusaciones estadounidenses sobre planes para asesinar a Donald Trump. El presidente iraní negó tajantemente que su gobierno haya intentado, ya sea de manera abierta o encubierta, buscar el asesinato de Trump o de sus familiares. Estas declaraciones surgen en un contexto donde el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció a finales de 2024 cargos federales por un presunto complot iraní frustrado para matar al expresidente antes de las elecciones.
Además, el Servicio Secreto estadounidense había alertado sobre un video difundido por la televisión estatal iraní que parecía amenazar la vida de Barron Trump, el hijo menor del presidente. Esta preocupación fue reforzada por inteligencia compartida por Israel, sugiriendo que Irán había elaborado un plan detallado para el asesinato de Trump. El propio Trump ha mencionado públicamente estas amenazas, describiendo a sus adversarios como "malvados y enfermos" y admitiendo que probablemente figure en diversas listas de objetivos.
Otro tema central fue la salud del líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei. Pezeshkian aprovechó la sesión para desmentir las especulaciones sobre el estado físico de Jamenei, quien no ha sido visto en público desde el inicio de la guerra. El presidente afirmó haber mantenido una reunión presencial con él hace aproximadamente un mes, la cual duró siete horas. Según Pezeshkian, ambos estuvieron sentados sobre cojines en el suelo y se levantaron para caminar, asegurando que no observó ningún problema importante en su aspecto físico ni en su salud.
Esta aclaración llega tras meses de incertidumbre, luego de que se reportara que Jamenei pudo haber sufrido heridas graves durante el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel en febrero, el mismo operativo que resultó en la muerte de su padre y predecesor, Ali Jamenei. A pesar de estas dudas, la inteligencia estadounidense sostiene que Jamenei continúa siendo una pieza fundamental en la definición de la estrategia de guerra.
Por su parte, el Gobierno de Estados Unidos ha mantenido una postura rígida sobre la visita de la delegación iraní. Un funcionario del Departamento de Estado subrayó que los delegados fueron admitidos estrictamente para representar a la República Islámica ante la ONU y deben limitar sus actividades a asuntos relacionados con el organismo. Cualquier desplazamiento fuera de la sede de la ONU, el aeropuerto JFK o las instalaciones de la misión iraní requiere aprobación previa.
La Casa Blanca, a través de su portavoz Anna Kelly, respondió a los comentarios de Pezeshkian recordando que el régimen iraní ha asesinado a miles de sus propios ciudadanos, ha matado a estadounidenses en el extranjero y ha realizado ataques indiscriminados en la región. Kelly enfatizó que el presidente estadounidense está trabajando para garantizar que Irán nunca posea un arma nuclear.
Finalmente, Pezeshkian abordó la crisis interna de Irán, describiendo las sanciones estadounidenses como una "campaña asesina silenciosa" que ha asfixiado la economía, provocando escasez y aumento de precios. Admitió que el país enfrenta problemas de una dificultad sin precedentes, factores que impulsaron las manifestaciones contra el régimen en Teherán en 2025. En el ámbito militar, aseguró que Irán no se rendirá y afirmó que la mayoría de las bases estadounidenses en la región ya no son utilizables debido a los ataques iraníes, dato que coincide parcialmente con un informe del Pentágono sobre daños estructurales en instalaciones de Medio Oriente.





