¿Es posible el diálogo en un festival de cultura cuando se excluye a quien piensa distinto? Esta es la pregunta que sacude a la Universidad de Granada tras la desprogramación de la escritora argentina Ariana Harwicz del Festival Cultur-ALH.
La controversia comenzó cuando Harwicz reprochó a activistas y escritoras feministas no haberse pronunciado contra el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, específicamente sobre el trato a las mujeres secuestradas. A petición de la Red Universitaria por Palestina y de varias autoras invitadas, las directoras del evento decidieron retirar la invitación a la autora para evitar incidentes y preservar su integridad.
Harwicz ha denunciado este acto como antisemitismo, lamentando que una universidad pública ceda ante presiones de redes activistas. El impacto fue inmediato: más de 350 intelectuales y artistas de Iberoamérica firmaron una carta en defensa de la libertad de expresión y contra el boicot cultural.
La tensión escaló con la renuncia de John Banville, principal invitado del festival, quien se dio de baja denunciando una "extorsión ideológica". Asimismo, la embajada argentina en España y el Centro PEN de Argentina manifestaron su preocupación por lo que consideran un acto de censura.
El debate ha dividido a la comunidad intelectual. Mientras algunos sostienen que la controversia debe resolverse mediante el debate y no con el silencio, otros argumentan que, ante la existencia de un genocidio, no hay materia opinable sino condena. El caso Harwicz reabre así la discusión sobre los límites de la cultura, la identidad y la libertad de expresión en el contexto del conflicto entre Israel y Palestina.
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