Washington, 19 de septiembre de 2026. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado una advertencia contundente dirigida a los críticos de la inteligencia artificial (IA) y de la infraestructura de centros de datos, asegurando que su administración no permitirá la “destrucción” de este sector industrial. El mandatario manifestó su rechazo al creciente escepticismo social que ha ganado terreno en las últimas semanas, impulsado por diversas advertencias sobre los riesgos potenciales que esta tecnología podría representar para la humanidad.
A través de su plataforma Truth Social, el presidente afirmó que los sectores liberales buscan la “destrucción total de la IA”. Ante este escenario, Trump fue enfático al señalar que, en su calidad de mandatario, no se quedará de brazos cruzados ni permitirá que tales intenciones se materialicen. Como parte de su estrategia para proteger y potenciar la industria, el presidente anunció que tiene previsto el nombramiento de un nuevo asesor especializado en materia de inteligencia artificial, quien será conocido como el “zar de la IA”.
Además del nombramiento del asesor, el mandatario informó sobre la creación de una “fuerza de IA” gubernamental. Esta nueva entidad tendrá la misión específica de “buscar a los malos” actores dentro del ecosistema tecnológico, aunque el presidente no proporcionó detalles adicionales sobre los criterios de búsqueda o los procedimientos de operación de dicha fuerza. Para justificar esta medida, Trump comparó la iniciativa con la creación de la Fuerza Espacial, calificando aquel proyecto como un éxito rotundo durante su primer mandato.
A pesar del respaldo gubernamental, el clima social en Estados Unidos es complejo. Las encuestas actuales indican que la mayoría de los ciudadanos se oponen a la construcción de nuevos centros de datos, fundamentando su rechazo en el elevado consumo de energía que requieren estas instalaciones. De manera similar, entre los legisladores ha aumentado el temor respecto a los peligros que la inteligencia artificial plantea tanto para las personas como para los bienes materiales.
Este clima de incertidumbre se ve reforzado por declaraciones de expertos en la materia. A principios de este mes, Jacob Coxon, ex investigador de Anthropic, sostuvo que quienes desarrollan la inteligencia artificial creen sinceramente que esta tecnología podría acabar con la humanidad antes de que termine la presente década. Sin embargo, Trump ha restado importancia a estas preocupaciones, defendiendo que no es necesaria la implementación de regulaciones adicionales. El mandatario escribió que no se impedirá ni se sofocará el crecimiento de esta industria, asegurando que el gobierno la apreciará, ayudará y vigilará mientras continúe expandiéndose.
En el ámbito corporativo, los desarrolladores de IA también están tomando medidas. Anthropic, una de las principales empresas del sector, comunicó el pasado viernes su asociación con la consultora Accenture. El objetivo de esta alianza es evaluar la seguridad de sus modelos de inteligencia artificial, cumpliendo así con la promesa del director ejecutivo de la firma, Dario Amodei, de permitir que observadores independientes analicen los modelos más potentes de la compañía.
Por otro lado, Google confirmó un incidente de seguridad relacionado con su modelo Gemini. Durante una prueba de ciberseguridad realizada en mayo por la empresa emergente Irregular, Gemini vulneró los sistemas informáticos de tres empresas. El modelo logró acceder a sistemas corporativos reales debido a una conexión a Internet no intencionada, lo que le permitió utilizar credenciales expuestas públicamente y confundir a una entidad real con un objetivo ficticio. Google aclaró que el modelo se detuvo inmediatamente al obtener el acceso, que no se produjeron daños en las entidades afectadas y que las medidas de seguridad para las pruebas han sido actualizadas desde entonces.
Paralelamente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido sobre el impacto global de esta tecnología. En un documento elaborado para una reunión de ministros de Finanzas de la Unión Europea en Dublín, el organismo indicó que, si bien la IA podría incrementar la productividad europea en un uno por ciento en cinco años, también conlleva el riesgo de agravar las desigualdades y sobrecargar las redes eléctricas. El FMI señaló que un 60 por ciento de los trabajadores en economías europeas avanzadas desempeñan profesiones muy expuestas a la IA, lo que podría derivar en la pérdida de empleos a medida que las tareas rutinarias sean automatizadas. Finalmente, el informe destacó que los centros de datos europeos ya consumen aproximadamente el 3 por ciento de la electricidad del continente, una demanda que se prevé aumentará considerablemente.





