La imagen de Gus Lamont, un niño de cuatro años con largos rizos rubios, una camiseta azul de los Minions y un sombrero gris para el sol, quedó grabada en la memoria de quienes siguieron el caso en el interior remoto de Australia. Lo que comenzó como una tarde de juegos en la arena fuera de la casa de sus abuelos, en septiembre del año pasado, se transformó rápidamente en uno de los misterios más inquietantes y complejos del país.
El incidente ocurrió en Oak Park Station, una remota explotación ovina situada a unos 240 kilómetros al norte de Adelaida y a casi 48 kilómetros de la localidad más cercana, Yunta. Según los testimonios de la familia, Gus desapareció en un intervalo de apenas media hora. Su abuela, Josie Murray, relató que ella y la madre del niño, Jessica Murray, regresaron de reunir ovejas alrededor de las 5:30 p.m. En ese momento, se dieron cuenta de que el pequeño, que había sido visto por última vez a las 5:00 p.m. jugando cerca de lo que llamaban el refugio antiaéreo, ya no estaba.
La desaparición desencadenó el mayor operativo de búsqueda policial en la historia del estado de Australia Meridional. Durante días, cientos de agentes, efectivos militares y equipos especializados rastrearon a pie un radio de 5,4 kilómetros alrededor de la vivienda. A pesar de la magnitud del despliegue, no se encontró rastro alguno de Gus: ni su sombrero, ni su camiseta, ni las botas que llevaba puestas. La búsqueda fue exhaustiva; los detectives vaciaron tres embalses, registraron seis pozos mineros y utilizaron drones con cámaras especializadas.
Dada la naturaleza implacable del terreno, la policía recurrió a tecnología de vanguardia. La empresa Nearmap capturó imágenes de alta resolución desde un avión a 1.800 metros de altitud, las cuales fueron analizadas mediante inteligencia artificial por la empresa Sci-eye. El análisis fue tan detallado que permitió contabilizar 10.000 ovejas, 6.000 cabras, 6.000 canguros rojos y diversos ejemplares de emúes y águilas en la zona. Sin embargo, no se halló ninguna prueba concluyente sobre el paradero del niño.
Con el paso de los meses y la ausencia total de pistas físicas, la línea de investigación dio un giro drástico. Cinco meses después de la desaparición, la Policía de Australia Meridional anunció que el caso pasaba a considerarse un “delito grave”. El superintendente detective Darren Fielke señaló que se habían detectado “inconsistencias” en la información proporcionada por tres familiares que se encontraban en la propiedad el día de los hechos: la madre del niño y sus abuelos.
Aunque los padres de Gus fueron descartados como sospechosos, las sospechas recayeron sobre uno de los abuelos. Específicamente, la atención policial se centró en Josie Murray, quien ha negado públicamente cualquier implicación en la desaparición de su nieto. La policía descartó la posibilidad de un secuestro externo debido a que Oak Park Station no está señalizada y es un lugar extremadamente difícil de localizar para alguien ajeno a la zona, además de que no se encontraron huellas de vehículos extraños.
A lo largo de la investigación, surgieron diversas teorías locales. Algunos sugirieron que un águila audaz podría haber llevado al niño, pero expertos en aves rapaces, como Ian Falkenberg, desmintieron categóricamente esta posibilidad debido al peso del niño. También se consideró la acción de dingos o serpientes venenosas, pero la falta de un cuerpo o restos de ropa hace que estas hipótesis sean improbables, ya que los carroñeros habrían alertado a los equipos de búsqueda.
En enero, la policía realizó registros en la propiedad, incautando un vehículo, una motocicleta y dispositivos electrónicos, aunque los análisis forenses no aportaron nuevas líneas de investigación. Durante estos operativos, se encontró un silenciador no registrado, lo que llevó a Josie Murray a ser multada y prohibida de tener licencias de armas, aunque su abogado aclaró que este cargo no estaba relacionado con la desaparición del niño.
Siete meses después de que el caso se clasificara como delito grave, nadie ha sido acusado formalmente. Mientras tanto, los padres de Gus permanecen alejados del foco público, limitándose a emitir comunicados donde instan a cualquier persona con información a presentarse, con la esperanza desesperada de traer a su hijo de vuelta a casa o, al menos, comprender qué ocurrió aquel septiembre en el vasto paisaje árido de Australia.




