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La obsesión moderna por la longevidad y el negocio de la vida eterna

Es difícil escapar hoy en día de la pulsión por vivir más años. Ya no se trata de alcanzar calidad de vida en la vejez gracias a los avances de la ciencia, sino de conseguir traspasar la barrera de los cien años en una carrera que parece aspirar a la vida eterna. No bastaba, al menos para los creyentes, con la creencia de que el paraíso aguarda después de la muerte. Lo que se quiere, más bien, es que ese edén se materialice en una existencia terrenal sin fin.

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La obsesión moderna por la longevidad y el negocio de la vida eterna

¿Hasta dónde llegaríamos por vivir para siempre? Hoy en día, la pulsión por prolongar la existencia ya no se trata solo de alcanzar calidad de vida en la vejez, sino de traspasar la barrera de los cien años en una carrera que aspira a la vida eterna.

El bombardeo es constante. Desde procedimientos anti edad con bisturíes y rellenos que dejan rostros rígidos, hasta el uso de Ozempic. Este fármaco, probado para diabéticos, es utilizado ahora para inhibir el apetito y lograr cinturas de avispa, aunque deje una expresión facial chupada.

Para los sectores más pudientes, la última moda son las resonancias magnéticas de cuerpo entero. El objetivo es detectar cualquier mal agazapado antes de que presenten síntomas, intentando hacer trampas al ciclo vital. Sin embargo, un reportaje del New York Times señala que no hay evidencia fehaciente de que estas costosas pruebas sirvan para burlar afecciones que tal vez nunca lleguen a ser un peligro real. Los expertos piden prudencia ante el exceso de diagnósticos prematuros que pueden derivar en cirugías o tratamientos agresivos e innecesarios.

A pesar de esto, muchos influencers promueven esta tecnología en redes sociales a cambio de gratuidad, vendiendo una longevidad fotogénica. Es fundamental diferenciar la medicina preventiva y el sentido común —como revisiones anuales, vacunas, ejercicio y alimentación equilibrada— de la ansiedad de quienes buscan poner parches a problemas inexistentes.

El miedo a morir es un temor inútil ante un hecho inapelable. Mientras algunos intentan competir con el retrato de Dorian Gray para evitar el desgaste inevitable, la alternativa más sensata es atravesar dignamente la mortalidad hasta la estación de salida.

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