Desde el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022, la inteligencia artificial ha impulsado una transformación profunda en el trabajo, la ciencia y la educación, pero ¿están las instituciones preparadas?
La realidad es preocupante. Según un estudio de la Fundación CyD publicado en julio de 2026, el 90 % de los universitarios españoles utiliza IA y el 86 % cree que mejora su rendimiento académico. Sin embargo, el 61 % afirma no haber recibido formación ni apoyo de su universidad, y un 27 % reconoce que asiste menos a clase desde que la utiliza.
Esta adopción llega también a la educación secundaria, afectando a estudiantes que aún desarrollan capacidades básicas de lectura, escritura y razonamiento, lo que podría tener consecuencias negativas.
A nivel institucional, el avance es lento. Una encuesta de la UNESCO de 2025 reveló que solo el 19 % de las instituciones de educación superior cuentan con una política formal sobre IA. En España, el panorama es similar: el 81 % de las universidades consultadas en 2025 no dispone de una hoja de ruta para su adopción.
Aunque existen declaraciones éticas generales, faltan programas sistemáticos de formación y nuevos modelos de evaluación. Una iniciativa destacable es la de la Universidad de Santiago de Compostela, donde la rectora Rosa Crujeiras anunció una estrategia centrada en la transparencia y la supervisión humana.
Finalmente, es crucial distinguir entre novedad e innovación. El simple uso de tecnología nueva no es innovar. La verdadera innovación educativa debe medirse con el método científico, logrando que el estudiante aprenda más, mejor y más rápido, sin sacrificar capacidades esenciales. No todo experimento es una mejora; llamar a las cosas por su nombre es el primer paso para avanzar.
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