La comunidad artística y cinematográfica se encuentra de luto tras confirmarse el fallecimiento del reconocido diseñador argentino Eugenio Zanetti, quien partió a los 79 años de edad en la Ciudad de Buenos Aires el pasado 18 de septiembre de 2026. La noticia de su partida no solo ha generado una profunda tristeza entre sus colegas y admiradores, sino que también ha despertado un renovado interés por conocer la vida privada y el entorno más íntimo del creador cordobés.
En las últimas horas, se ha registrado un incremento significativo en las búsquedas digitales relacionadas con el artista. Especialmente, las consultas sobre Sebastián Sabas, quien fuera la pareja sentimental y compañero de vida de Zanetti, se han convertido en tendencia dentro de diversas redes sociales y en la plataforma Wikipedia. Este fenómeno refleja el deseo del público por descubrir quiénes formaban parte del círculo más cercano del diseñador y cómo era su dinámica familiar y sentimental.
Sebastián Sabas es un destacado profesional dedicado a la arquitectura y a la ambientación de espacios, disciplinas que complementaron a la perfección la visión artística de Zanetti. Durante años, ambos mantuvieron una relación sólida basada en el afecto y la colaboración creativa, desarrollando juntos importantes emprendimientos en territorio argentino que fusionaban la funcionalidad arquitectónica con la estética escenográfica.
Uno de los proyectos más emblemáticos y personales que Sabas y Zanetti llevaron adelante fue la creación de la Estancia de La Cruz. Este sofisticado hotel boutique, ubicado en la localidad de San Javier, dentro del valle de Traslasierra en la provincia de Córdoba, representa la síntesis de sus talentos combinados. Lo que comenzó originalmente como su residencia particular fue evolucionando gradualmente hasta transformarse en un establecimiento hotelero de lujo.
La Estancia de La Cruz es un testimonio visual del gusto exquisito de la pareja. El lugar fue equipado con una cuidadosa selección de antigüedades, piezas de arte y diversos elementos escenográficos originales que Zanetti trajo desde Hollywood. Entre los detalles arquitectónicos más llamativos de la propiedad se encuentran imponentes portales de madera tallada, los cuales poseen una historia particular: fueron utilizados originalmente en la producción de la película La casa embrujada.
Para comprender la magnitud de la pérdida, es necesario repasar la trayectoria de Eugenio Zanetti. Nacido el 19 de octubre de 1946 en Córdoba, Zanetti inició su formación académica estudiando arquitectura en la universidad. Sin embargo, su inquietud creativa lo llevó a expandir sus horizontes hacia la pintura, el teatro y la escenografía de óperas, áreas donde pudo desplegar su capacidad visual.
Su proyección internacional comenzó tempranamente en Italia, donde tuvo la oportunidad de colaborar en la filmación de la película Medea, bajo la dirección del cineasta Pier Paolo Pasolini. Esta experiencia marcó el inicio de una carrera ligada al cine y las grandes producciones. En Argentina, su talento fue reconocido en recintos de prestigio mundial, diseñando producciones para el emblemático Teatro Colón de Buenos Aires.
En la década de 1980, Zanetti decidió dar un paso decisivo en su carrera y se radicó en Estados Unidos para desempeñarse como diseñador de producción. Su consagración máxima en la industria cinematográfica llegó en 1996, año en que fue galardonado con el Premio Oscar a la Mejor Dirección de Arte por su trabajo en el film Restauración. Su excelencia visual fue nuevamente reconocida por la Academia de Hollywood en 1998, cuando recibió una nominación por su labor en la película Más allá de los sueños.
Dentro de su extensa filmografía, destacan títulos populares como Línea mortal y El último gran héroe. Además de su trabajo como diseñador para otros directores, Zanetti exploró su faceta como cineasta, escribiendo y dirigiendo el largometraje Amapola en el año 2014.
Hasta sus últimos días, el prolífico creador se mantuvo plenamente activo en su disciplina. Recientemente, el Museo Tamburini de Córdoba fue la sede de una muestra retrospectiva de su obra, permitiendo que el público local apreciara la evolución de su estilo. Asimismo, al momento de su fallecimiento, se encontraba trabajando en el diseño de la escenografía para la ópera Los cuentos de Hoffmann, dejando así un proyecto final que testifica su pasión inagotable por el arte.






