El escenario económico de América Latina presenta dos realidades contrastantes en materia de solidez financiera, con Perú y Argentina ubicándose en extremos opuestos de la tabla de reservas internacionales. Mientras que el país andino ha consolidado un escudo financiero robusto, la Argentina enfrenta la urgencia de recomponer su capacidad de respuesta ante la incertidumbre global y los compromisos financieros pendientes.
La estrategia peruana ha estado marcada por la continuidad técnica. En julio, antes de asumir la presidencia, Keiko Fujimori tomó una decisión económica clave al solicitar que Julio Velarde, quien lidera el Banco Central de Reserva (BCRP) desde 2006, permaneciera en su cargo por cinco años adicionales. Esta estabilidad permitió que Velarde construyera un colchón de reservas que hoy representa el 26,9% del Producto Bruto Interno (PBI) de su país, alcanzando una cifra de 90.214 millones de dólares, la más alta de toda la región.
En contraposición, Argentina muestra una vulnerabilidad significativa. Según un relevamiento del Banco Provincia, sus reservas brutas se sitúan en 50.506 millones de dólares, lo que representa apenas el 7,4% de su economía. Para poner este dato en perspectiva, el promedio de los diez países relevados, excluyendo a Argentina, es del 15,3%, es decir, más del doble del nivel local. En el ranking regional, Perú es seguido por Uruguay con un 22,3% (19.000 millones de dólares), Brasil con un 15,7% (358.000 millones de dólares), Colombia con un 14,5% (66.000 millones de dólares) y Chile y México, ambos con un 13,8% (49.500 y 252.000 millones de dólares, respectivamente). Solo Ecuador, debido a su economía dolarizada, presenta un ratio similar al argentino, con un 7,5%.
Esta brecha de reservas adquiere una relevancia crítica en un contexto mundial de creciente incertidumbre. La Reserva Federal de Estados Unidos ha incrementado sus tasas de interés por primera vez desde 2023, una tendencia seguida por el Banco Central Europeo y que se espera sea replicada por Japón. Históricamente, cuando el costo del dinero aumenta en las economías desarrolladas, los países emergentes son los primeros en sufrir las consecuencias.
En este marco, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha mostrado una desaceleración en la acumulación de divisas. Durante el mes de septiembre, la entidad compró apenas 158 millones de dólares, lo que promedia unos 14 millones de dólares por día hábil. Matías Rajnerman, economista del Banco Provincia, señaló que se pasó de un promedio diario de 100 millones de dólares entre enero y julio a solo 30 millones en el último mes y medio. Esta situación es preocupante dado que la próxima semana vence el primer pago de capital al Fondo Monetario Internacional (FMI) vinculado al acuerdo de 2022.
Desde la perspectiva técnica, las reservas representan el "poder de fuego" de una entidad monetaria. Rajnerman explicó que un volumen elevado de reservas suele garantizar estabilidad cambiaria, ya que desincentiva al sector privado a apostar contra el Banco Central, sabiendo que este posee capacidad para defender la moneda. Perú aplicó este concepto aprovechando los periodos de abundancia; entre 2009 y 2013, el BCRP compró 15.000 millones de dólares para evitar una apreciación excesiva del sol y fortalecer sus reservas. Esta previsión fue fundamental en 2021, cuando la llegada de Pedro Castillo al poder provocó una fuga de capitales del 8% del PBI, situación que Perú superó sin necesidad de implementar controles de cambios.
Argentina, por su parte, se encuentra en un dilema. Con las elecciones presidenciales a un año de distancia, el Gobierno debe decidir entre comprar más dólares para fortalecer el BCRA o mantener el tipo de cambio estable. Según la consultora Econviews, dirigida por Miguel Kiguel, el ritmo de acumulación choca con el objetivo de mantener el dólar "planchado". Aunque el punto de partida ha mejorado, con reservas netas cercanas a 10.000 millones de dólares y líquidas de 28.000 millones, la consultora advierte que sería prudente aprovechar cada oportunidad para comprar divisas.
Además, la falta de reservas limita el acceso al crédito internacional. Velarde ha subrayado que la solvencia cambiaria reduce la brusquedad de las correcciones y facilita la entrada al mercado de capitales. Sin este financiamiento, el BCRA debe cubrir cada vencimiento con fondos propios. Econviews estima que para los pagos de 2027, el Tesoro necesitará comprar 6.000 millones de dólares al Banco Central y emitir cerca de 8.000 millones, una meta complicada por la subida del riesgo país.
A pesar de que existen vientos favorables, como el crecimiento de las exportaciones mineras y energéticas y la expectativa de una cosecha récord, Argentina sigue corriendo detrás del promedio regional. Para cumplir con los criterios del FMI y alcanzar el estándar de sus vecinos, el país debería más que duplicar sus reservas actuales, cerrando así la distancia que hoy lo separa del modelo peruano.





