¿Sabía que la perfección es, en realidad, el fin de la historia? El historiador y politólogo Fernando Mires nos invita a reflexionar sobre cómo pensar, escribir y vivir es, esencialmente, un proceso imperfecto.
Desde la literatura de Jon Fosse, que escribe imitando el flujo asociativo del pensamiento, hasta el análisis de Telmo Pievani, la imperfección es vista como la gran virtud de lo vivo. Pievani sugiere que el universo solo fue perfecto cuando era un vacío absoluto; la vida, en cambio, surge de un caos zigzagueante y de readaptaciones constantes para sobrevivir a las imperfecciones del medio.
Esta lógica se extiende incluso a la tecnología. Al analizar la novela "El Invento de Morel" de Bioy Casares, Mires plantea que la inteligencia natural y la artificial son dos formas de imperfección complementarias: a una le falta información y a la otra emoción. Su coexistencia es vital, pues una inteligencia "perfecta" dejaría de ser humana.
Sin embargo, esta valoración de lo imperfecto tiene una lectura política urgente. Citando a Churchill, se recuerda que la democracia es radicalmente imperfecta y, por ello, es perfectible. En contraste, Mires advierte sobre el avance de partidos como el AfD en Alemania. A diferencia de líderes como Meloni o Le Pen, que operan dentro del sistema, Alice Weidel representa una postura insurreccional que busca una "perfección" autoritaria mediante la supresión de la diversidad.
Para el autor, los autoritarismos no permiten la evolución porque pretenden eliminar toda imperfección. Por eso, defender la capacidad de fallar y de ser imperfectos es, en última instancia, defender la democracia y la vida misma. Porque donde no hay imperfección, no hay historia ni evolución.
Siguenos en Noticias lat para más noticias.
