¿Puede un nombre salvar a una institución nacional? El Centro Kennedy se enfrenta a lo que sus funcionarios describen como un "colapso financiero seguro" en cuestión de semanas.
Según documentos obtenidos por The New York Times y The Washington Post, el centro de artes escénicas advierte que podría quedar imposibilitado para pagar nóminas y contratos de mantenimiento ordinario, corriendo un riesgo real de declararse en bancarrota.
La salida a esta crisis depende de Donald Trump. El expresidente se ha ofrecido a recaudar el dinero necesario para mantener a flote la institución, pero bajo una condición estricta: recibir el "reconocimiento adecuado" de su papel, lo que implica volver a añadir su nombre al edificio.
Esta demanda surge en un contexto de alta tensión. Aunque el nombre de Trump fue retirado en junio por orden judicial, la junta directiva, compuesta por sus leales, votó nuevamente en agosto a favor de incluirlo y cerrar el recinto para renovaciones. El problema no es solo de imagen; el centro ha argumentado que, según sus estatutos, tendría que devolver cientos de millones de dólares en donaciones privadas si el nombre de Trump no figura en la fachada.
A la crisis económica se suma una urgencia estructural. El pasado 4 de septiembre, una sección del revestimiento del techo colapsó en el gran vestíbulo. Debido a esto, la administración ha calificado el edificio como "no seguro para seguir siendo ocupado". Los abogados del recinto advierten que, sin renovaciones a gran escala, la estructura podría deteriorarse hasta el punto de tener que ser demolida.
Actualmente, la junta directiva evalúa diez opciones de inscripciones para colocar bajo el nombre del edificio, mientras se decide el futuro financiero y físico de la institución.
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