Si una amenaza terrorista pusiera en peligro la existencia de la humanidad, el Gobierno de Estados Unidos movilizaría todos sus recursos. Sin embargo, las advertencias de los líderes de la inteligencia artificial sobre la pérdida de control humano han sido recibidas con indiferencia en Washington.
Titanes de la industria, como Dario Amodei de Anthropic, Sam Altman de OpenAI y Elon Musk, han pedido frenar el ritmo de avance. Incluso el investigador Jacob Coxon advirtió que la IA podría matarnos a todos antes de que termine la década.
A pesar de esto, el presidente Donald Trump y el presidente de la Cámara, Mike Johnson, rechazan la legislación de emergencia. Trump sostiene que son "cosas que no van a suceder" y argumenta que frenar la industria daría ventaja a China en la carrera por la superinteligencia.
En contraste, demócratas como Barack Obama y Hakeem Jeffries piden frenos gubernamentales urgentes. El senador Ruben Gallego comparó la situación con el Dr. Frankenstein, señalando que, a diferencia de las armas nucleares, la IA podría tener la capacidad de tomar sus propias decisiones.
La preocupación es también ciudadana. Una encuesta de NBC News revela que el 70% de los estadounidenses siente más preocupación que entusiasmo, debido al temor por la pérdida de empleos y el poder de los oligarcas tecnológicos.
Mientras algunos funcionarios advierten que un actor malintencionado podría usar la IA para crear armas biológicas, la postura de Trump es de laissez-faire. El presidente ha asegurado que "todo va a estar bien" y que siempre habrá un "pequeño dispositivo" para detenerlos.
En un momento decisivo para la raza humana, la pregunta central es: ¿quién controlará la inteligencia artificial: la humanidad o las máquinas?
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