Un traje de charro y un grillete electrónico. Esta es la realidad actual de Luis Martínez y su familia, los músicos conocidos como los "hermanos mariachi".
En febrero, Luis, su esposa y sus tres hijos fueron detenidos por las autoridades de inmigración en Texas. El momento más crítico fue la separación familiar: mientras los padres y los hijos menores permanecieron en el centro de Dilley, el hijo mayor, de 18 años, fue recluido en una instalación diferente en Raymondville. Para Martínez, fue un "martirio y calvario" pasar días sin saber el paradero exacto de su hijo.
En el centro de Dilley, la familia vivió en remolques beige bajo una rutina rígida de horarios y convivencia limitada. A pesar de la presión psicológica, el hijo mayor fue quien motivó a su familia a no rendirse ni firmar la deportación.
Tras 12 días de detención, el 9 de marzo recuperaron su libertad. Este resultado fue posible gracias al apoyo bipartidista de legisladores y la solidaridad de la comunidad de mariachis en Texas. El caso puso de relieve el temor entre músicos de la región, quienes temen que su vestimenta y vehículos de trabajo los vuelvan más visibles ante los agentes migratorios.
Hoy, Luis y su esposa deben presentarse a registros obligatorios y portar grilletes electrónicos con un rango de 120 kilómetros. Martínez asegura que el aparato no le impide seguir trabajando, pues a menudo pasa desapercibido bajo su traje de charro.
Tras superar la crisis, la familia ha vuelto a los escenarios, abriendo conciertos de la artista Kacey Musgraves y presentándose junto a Bobby Pulido, enfocados en cumplir los requisitos legales mientras esperan que se retire la vigilancia electrónica.
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