¿Cómo es posible que el petróleo siga fluyendo a pesar de la prolongada guerra entre Estados Unidos e Irán? Aunque el conflicto ha costado casi 800 dólares adicionales al hogar promedio estadounidense en combustibles, el mercado ha demostrado una notable capacidad de adaptación.
El crudo está llegando a su destino sorteando el estrecho de Ormuz mediante rutas alternativas y operaciones de escolta coordinadas por el Ejército de Estados Unidos. Además, la producción conjunta de Estados Unidos, Venezuela, Brasil, Guyana y Canadá ha aumentado en 2 millones de barriles diarios. A esto se suma que la demanda mundial ha caído drásticamente en unos 5 millones de barriles diarios, debido al teletrabajo y al auge de los vehículos eléctricos.
Sin embargo, el futuro es incierto. Analistas de JPMorgan sugieren que, en un escenario de guerra eterna, el petróleo podría estabilizarse en 87 dólares por barril, mientras que Bob McNally, exasesor de energía, prevé un precio de 89 dólares para el Brent el próximo año debido a la inestabilidad en la región de suministro más importante del mundo.
El riesgo real reside en la fragilidad de este sistema improvisado. Las reservas estratégicas, como las de Cushing en Oklahoma, han rozado sus mínimos operativos. Expertos advierten que el apoyo militar para el transporte de crudo es un esfuerzo costoso que no puede mantenerse indefinidamente.
S&P Global ya indica que la producción de Medio Oriente no volverá a sus niveles previos ni siquiera para finales del próximo año. Nos enfrentamos a una "nueva normalidad" definida por un conflicto sin resolver y un riesgo marítimo persistente que podría aumentar la volatilidad de los precios hacia finales del próximo año.
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