Cuando el suelo dejó de temblar y el edificio donde residía comenzó a colapsar, el instinto de Juan David Gómez fue inmediato y protector. En un acto de desesperación y amor, abrazó contra su pecho a Salomón, su bebé de apenas dos meses, intentando cubrirlo con su propio cuerpo para resguardarlo de los escombros que caían a su alrededor.
“Yo lo llevaba cargado de este costado, siempre muy pegado a mi pecho”, relató Juan David en una entrevista concedida a CNN, un mes después de que un devastador terremoto sacudiera la ciudad de Cali, así como otras localidades en el departamento del Chocó y el eje cafetero. El hombre recuerda que, mientras corrían para intentar evacuar la estructura, todo colapsó repentinamente. En la caída, Juan David aterrizó boca abajo, zona donde sufrió las heridas más graves del siniestro.
Padre e hijo quedaron sepultados bajo los restos de concreto y acero. Durante aproximadamente dos horas, permanecieron atrapados en la oscuridad, sin saber con exactitud la profundidad a la que se encontraban ni el peso de los materiales que los aprisionaban. En medio del silencio y el pánico, el instinto de supervivencia de Juan David lo llevó a gritar repetidamente para que los equipos de rescate pudieran localizarlos lo antes posible.
La esperanza llegó de la mano de un grupo de voluntarios. Brian Zuloaga, uno de los rescatistas, explicó que fue un susurro, una señal casi imperceptible entre el ruido de los escombros, lo que permitió ubicar la posición de los sobrevivientes. Tras un arduo trabajo retirando bloques de concreto, lograron extraer primero al pequeño Salomón y, posteriormente, a su padre. El rescate de ambos se convirtió en un símbolo de esperanza en una tragedia que ha dejado un saldo de más de 300 fallecidos y miles de viviendas afectadas.
Sin embargo, la alegría del rescate estuvo marcada por una pérdida irreparable. Para Juan David, salir con vida significó descubrir que su esposa, Valentina Vanegas Galiano, y el hermano menor de ella, Juan Esteban Vanegas, habían muerto entre los escombros. Valentina, quien era arquitecta, es recordada por su esposo como una mujer decidida, creativa y capaz de encontrar soluciones a cualquier dificultad. “Me quedo con su risa. Su risa era maravillosa”, expresó Juan David conmovido.
La pareja tenía planes conjuntos de crecimiento profesional y personal, enfocados siempre en brindar el mejor bienestar para Salomón. Ahora, el ingeniero ambiental debe enfrentar el desafío de reconstruir su vida y criar a su hijo en solitario. A pesar del profundo dolor, Juan David afirma que el bebé es su motor principal: “Creo que Salomón ha sido la fuerza para poder asumir esa situación con más ánimo, con más ganas”.
A la tragedia emocional se suma la precariedad material. Juan David y su hijo perdieron su hogar y, aunque han contado con el apoyo de personas cercanas que les han brindado refugio temporal, aún no cuentan con una vivienda definitiva. El Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella ha anunciado programas de reconstrucción y subsidios temporales de arriendo para los damnificados, pero Juan David señala que todavía no ha tenido acceso a estas ayudas gubernamentales, lo que incrementa su incertidumbre sobre la estabilidad necesaria para criar a un bebé.
En el ámbito profesional, Juan David intenta retomar sus actividades como ingeniero ambiental vinculado a Parques Nacionales y su propia empresa de consultoría. No obstante, el trauma ha transformado su perspectiva de vida. Junto a su familia, ha nacido la idea de crear una fundación dedicada a la primera infancia. El objetivo es iniciar brindando ayudas básicas como pañales, ropa y cremas a familias necesitadas, para luego evolucionar hacia programas de educación y alimentación infantil. Esta iniciativa busca transformar el dolor en un acto de servicio, inspirado en la solidaridad que él mismo recibió durante el rescate.
Sobre el nombre de su hijo, Juan David explica que él y Valentina lo eligieron en una iglesia con la certeza de que Salomón estaba destinado a “cosas grandes”. Hoy, esa frase cobra un nuevo sentido mientras el padre reflexiona sobre la fragilidad de la vida y la importancia de no dar por sentado el tiempo compartido. “Lo más importante es vivir el día al máximo, amando a tu pareja al máximo”, concluye, mientras apuesta por el futuro de su hijo y honra la memoria de Valentina.





