El asesinato del ingeniero Mauricio Alvarado Herrera en Guadalupe, Cartago, ha dejado al descubierto un pasado de violencia que marcó profundamente su vida y sus decisiones. El pasado sábado 5 de septiembre, Alvarado fue víctima de un ataque criminal cuando dos delincuentes intentaron robarle un reloj Rolex, con un valor de 5,6 millones de colones.
Pero este trágico suceso no es el primer episodio de violencia que la familia ha enfrentado en su propio hogar. Según relatos de personas allegadas, años atrás, la misma vivienda fue escenario de un asalto que dejó huellas imborrables. En aquel entonces, la hija de Mauricio tenía apenas dos o tres meses de nacida y se encontraba en la casa junto a sus abuelos.
Durante ese asalto, los delincuentes golpearon al padre de Mauricio con la cacha de un arma y lo encerraron en el baño. Ante la situación de peligro, la madre de Mauricio tomó una decisión desesperada: se colocó como un escudo humano para proteger a su nieta, la bebé de apenas meses de edad.
Este evento traumático fue precisamente lo que motivó a Mauricio a capacitarse en el manejo de armas y a gestionar su portación legal. Fue como respuesta a esa vivencia que también se convirtió en uno de los fundadores del grupo Prodefensa.
Para quienes lo conocieron, la constante preocupación de Mauricio por la seguridad de su familia no era solo una característica de su personalidad, sino una respuesta directa a la violencia que sufrió su propio núcleo. Hoy, tras perder la vida, su historia resalta cómo una experiencia de vulnerabilidad extrema definió su compromiso con la protección de los suyos.
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