Doce días después de que devastadoras riadas azotaran la cordillera del Himalaya, el balance es crítico. Un total de 1.384 personas han fallecido y más de 5.500 permanecen desaparecidas entre Nepal y la región china del Tíbet.
En Nepal, las autoridades reportan 1.341 víctimas mortales. Esta cifra ha presentado ligeras fluctuaciones debido a la complejidad logística de las labores forenses y al recuento de restos recuperados entre los escombros. El número de desaparecidos en el país asciende a 4.996 personas, cifra que incluye a 589 ciudadanos extranjeros, entre ellos dos españoles. Hasta el momento, el Gobierno nepalí solo ha podido entregar 98 cuerpos a sus respectivas familias.
Por su parte, en el Tíbet, el balance oficial es de 43 fallecidos y 519 desaparecidos tras la avalancha de lodo y rocas ocurrida el pasado 26 de agosto.
A pesar de la magnitud del desastre, han surgido historias de supervivencia. Cuatro personas fueron rescatadas con vida recientemente. Entre ellas, Chandrika Shrestha, una mujer de 64 años que sobrevivió once días sepultada en su vivienda, y un ciudadano chino que pasó el mismo tiempo atrapado en un túnel de una central hidroeléctrica. Otros dos trabajadores fueron liberados tras pasar diez días sepultados.
Para enfrentar esta emergencia, el Gobierno nepalí mantiene un despliegue de 21.465 efectivos del Ejército, la Policía y la Fuerza Armada. Estas operaciones han permitido poner a salvo a 13.104 personas.
El impacto humano sigue siendo masivo: 6.075 heridos han recibido atención médica y 3.652 desplazados se encuentran refugiados en 39 centros de acogida provisionales distribuidos en los distritos de Rasuwa, Nuwakot y Dhading.
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