Un extracto del libro “Bachelet. La historia no oficial” ha revelado los detalles de la colaboración secreta entre Michelle Bachelet y Camilo Escalona durante la década de los 80, en el marco de la clandestinidad mantenida por el Partido Socialista (PS) Almeyda frente al régimen militar. Los relatos describen una estructura de inteligencia y resistencia donde la futura presidenta desempeñó un rol estratégico, mientras que Escalona operaba bajo una identidad falsa.
El reencuentro entre ambos ocurrió a mediados de los 80 en una villa popular de Santiago. Bachelet asistía a un curso de instrucción donde una mujer enseñaba técnicas de militancia clandestina, tales como el uso de buzones para el intercambio de información, la realización de labores compartimentadas y métodos de chequeo para detectar seguimientos. Al finalizar la sesión, fue presentado el compañero "Alfonso", quien resultó ser Camilo Escalona. Bachelet reconoció inmediatamente al dirigente, a quien no veía desde finales de los 70, cuando ambos coincidieron en la República Democrática Alemana (RDA).
En aquel momento, Escalona era el jefe del «frente interno» del PS Almeyda en Chile. Su trayectoria para llegar a ese cargo había sido compleja. Había ingresado ilegalmente al país a principios de 1982, enviado por Clodomiro Almeyda con la misión de organizar la colectividad. Sin embargo, su primer intento se vio empañado por la precariedad del partido y una profunda infiltración de la Central Nacional de Informaciones (CNI) bajo la gestión de Eduardo Gutiérrez. Tras la detención de Silvio Espinoza, la CNI obtuvo el organigrama de la directiva y grabaciones de reuniones políticas, lo que obligó a Escalona a regresar al exterior para informar sobre la crisis.
Desconsolado ante la situación, Escalona recibió una nueva instrucción directa de Clodomiro Almeyda: regresar a Chile para montar una estructura paralela y secreta que nadie más conociera. Financiada con fondos de países de la órbita socialista, esta nueva orgánica fue tejida lentamente por "Alfonso" desde el aislamiento. Para agosto de 1984, durante el V Pleno Nacional Clandestino del PS Almeyda, el sector de Eduardo Gutiérrez fue formalmente desplazado, y Escalona se consolidó como el jefe del frente interno.
Posteriormente, Michelle Bachelet decidió contactar a Escalona a través de Gregorio Navarrete, un dirigente vinculado a la Brigada Socialista Universitaria. El encuentro se concretó en un café cercano al Campus Oriente de la Universidad Católica, en Ñuñoa. Siguiendo las estrictas normas de la clandestinidad, evitaron saludos efusivos o abrazos para no levantar sospechas. Los temas críticos fueron discutidos únicamente mientras caminaban, evitando trayectos rectos y doblando en diversas esquinas para asegurar que no fueran seguidos.
En dicha reunión, Bachelet puso sus capacidades a disposición de Escalona. Aunque el dirigente propuso inicialmente la entrega de informes de análisis de coyuntura, el punto clave fue el análisis de la situación de las Fuerzas Armadas. Escalona, consciente del origen familiar de Bachelet y sus contactos, consideró que ella era la persona idónea para obtener insumos valiosos, aprovechando que ella podía moverse en el «frente público».
Para mantener la seguridad, establecieron un sistema de encuentros mensuales con protocolos rigurosos. Acordaron partir a la misma hora desde puntos opuestos en el sector oriente de Santiago, utilizando "minutos quebrados" (como las 9:09 o 10:10) para evitar horarios exactos. Si el contacto fallaba, repetían la operación en rutas y horarios distintos, o recurrían a un lugar de reserva previamente fijado. En otras ocasiones, utilizaban casas de seguridad o emisarios.
Con el tiempo, Bachelet lideró un equipo selecto dedicado al análisis de las instituciones castrenses. Estos informes, basados en información pública y datos reservados, señalaban una evolución en la postura de la Armada, la Fuerza Aérea y Carabineros hacia el Acuerdo Nacional, una apertura que Pinochet intentaba bloquear. Debido a su exposición pública y sus vínculos con organismos de derechos humanos, la función de Bachelet se mantuvo en estricta reserva, siendo informada solo a Clodomiro Almeyda y, en casos seleccionados, a la comisión política por medio de Escalona, sin revelar la identidad de la autora. Esta colaboración secreta se extendió durante varios años.





