Martín Arrau, el ministro de Seguridad, vive hoy una paradoja política. Según la última medición de Cadem, es el ministro más influyente del gabinete con un 62% y mantiene una aprobación del 49%. Sin embargo, en la política, la visibilidad no siempre se traduce en capital real.
Arrau llegó a esta cartera estratégica siendo uno de los hombres de mayor confianza de José Antonio Kast. El salto desde Obras Públicas buscaba instalar un rostro clave del oficialismo en la agenda prioritaria del Gobierno. Pero tres meses después, el ministro enfrenta su primer examen de peso: la reforma constitucional en Seguridad.
Lo que debía ser un eje identitario para Republicanos terminó abriendo grietas. La iniciativa no solo encontró resistencia en la oposición, sino que generó reparos incómodos dentro de la misma derecha. Un ejemplo fue Guillermo Ramírez, presidente de la UDI, quien expresó públicamente sus objeciones a la propuesta original.
La académica María Pía Méndez advierte que este escenario es crítico. Sostiene que el poco apoyo suscitado por la reforma podría costar capital político a Arrau dentro de su propio partido, disminuyendo su proyección como un líder capaz de promover los énfasis de la colectividad.
Para Arrau, el desafío es pasar de ser un gestor disciplinado y el hombre de confianza del presidente, a convertirse en un actor con poder propio. El Gobierno ya bajó la urgencia del proyecto para buscar acuerdos, y es precisamente ahí donde se medirá su capacidad de negociación.
Si logra recomponer los puentes con Chile Vamos y ordenar a Republicanos, el traspié se convertirá en una victoria. De lo contrario, quedará demostrado que las buenas encuestas no bastan cuando faltan los votos y la capacidad de conducir a los propios.
Siguenos en Noticias lat para más noticias.






