Han pasado 42 años desde que la United Fruit Company abandonó la Zona Sur de Costa Rica, dejando un vacío económico y social profundo en las comunidades que dependían de la producción bananera. Hoy, la región enfrenta el reto de consolidar un modelo económico distinto, donde la naturaleza es el motor principal.
Líderes comunales, como Jorge Uribe, fundador de La Perla del Sur, han impulsado un cambio de mentalidad. El objetivo es que la fauna y los humedales ya no se vean solo como recursos a proteger, sino como oportunidades de desarrollo turístico. Uribe destaca que este proceso ha sido educativo; desde llevar a estudiantes a limpiar manglares hasta enseñar a la población que conservar especies como iguanas y cocodrilos es asegurar el futuro de sus familias.
Sin embargo, la transición no ha sido sencilla. Pedro Abdalla, presidente de la Cámara Turística de Golfo Dulce, señala que aún existen personas que añoran la época de la compañía bananera debido a los beneficios laborales y viviendas que ofrecía. Esto ha hecho que la profesionalización del sector sea gradual, requiriendo procesos de capacitación intensivos para integrar a los locales en la fuerza laboral turística.
Marlon Webb, promotor turístico, explica que el proceso inició con el turismo informal y la pesca artesanal, evolucionando hacia experiencias basadas en el potencial biológico de la región. A pesar de los avances, persisten desafíos críticos: la falta de infraestructura hotelera en zonas como Sierpe, la limitada accesibilidad vial y la necesidad de digitalizar los negocios para ganar visibilidad.
Según datos del Instituto Costarricense de Turismo, en 2023 el Pacífico Sur recibió aproximadamente 196.982 turistas, lo que representa el 8% del total de visitantes que ingresaron al país. La apuesta ahora es pasar de la sensibilidad ambiental a una industria profesional y sostenible.
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