El estadio Arthur Ashe se tiñó de azul, rojo y blanco. No fue una coincidencia, sino el reflejo del fervor que Alexandra Eala despierta en la diáspora filipina durante el Abierto de Estados Unidos.
Pese a su derrota ante la estadounidense Iva Jovic, número 14 del mundo, la tenista de 21 años convirtió el recinto central en una pequeña Filipinas. La intensidad del público, que llenó las gradas con banderas y carteles, fue tal que el juez de silla tuvo que intervenir en varias ocasiones para pedir calma.
Eala, actualmente número 18 del mundo, ha logrado movilizar a sus compatriotas al punto de que los organizadores le asignaron el primer partido de la sesión nocturna, el escenario y horario más importantes del torneo.
Su ascenso no es casual. Formada en la academia de Rafael Nadal en Mallorca y entrenada por Joan Bosch, Eala llegó a Nueva York tras ganar su primer título WTA en Washington al derrotar a Jessica Pegula, resultado que la llevó por primera vez al top 20 mundial. En lo que va de temporada, ya ha vencido a jugadoras como Iga Swiatek y Naomi Osaka.
En Filipinas, la denominada ‘Eala Mania’ ha alcanzado una dimensión popular inusual en un país donde el baloncesto y el boxeo son predominantes. La jugadora vincula este fenómeno al concepto de ‘kapwa’, que refleja la solidaridad y el fuerte sentido de comunidad entre los filipinos. Para Eala, representar a su país hace que su carrera sea algo más grande que ella misma.
La jornada en Nueva York también destacó la presencia asiática con la remontada de la china Zheng Qinwen y la victoria de la japonesa Naomi Osaka.
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