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El informático que estrena vehículo cada dos años gracias a un descuido y un acto de bondad

Don José Antonio Rojas, de 60 años, pasó décadas comprando carros usados y ‘enjaranándose’ en deudas, hasta que una casualidad le cambió la vida

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El informático que estrena vehículo cada dos años gracias a un descuido y un acto de bondad

Durante un tiempo prolongado, el entorno laboral de don José Antonio Rojas fue escenario de un misterio que despertaba la curiosidad y los comentarios entre sus colegas. No se trataba de un asunto grave, pero sí de una situación lo suficientemente inusual como para generar sospechas en la oficina. El motivo era sencillo pero desconcertante: don José Antonio aparecía periódicamente con un automóvil nuevo. Apenas sus compañeros se acostumbraban a verlo en un modelo, poco tiempo después, llegaba en otro vehículo completamente distinto e impecable.

Esta puntualidad en la renovación de sus vehículos no encajaba con el perfil de un funcionario universitario que, durante la mayor parte de su vida, había seguido el camino tradicional de adquirir carros usados, solicitar préstamos y esperar pacientemente a terminar de pagarlos para poder aspirar a un modelo superior. La situación llegó a tal punto que algunos compañeros, entre risas, llegaron a conclusiones poco razonables, sugiriendo incluso que el hombre podría estar involucrado en el consumo de drogas para justificar tal flujo de dinero.

José Antonio, un informático de la Universidad Nacional de 60 años, caracterizado por ser un hombre tranquilo con gusto por la playa y su casa de campo en Sarapiquí, se convirtió sin quererlo en un personaje sospechoso. Sin embargo, la realidad era mucho más sorprendente que cualquier chisme de oficina. La explicación es que José Antonio no compra automóviles cada dos años, sino que los gana. Hace catorce años, un premio cambió su dinámica de vida, permitiéndole estrenar un vehículo nuevo cada bienio, una situación que él mismo describe como algo mejor que haberse ganado la lotería.

La historia comenzó en el año 2012, cuando José Antonio tenía 46 años. En aquel entonces, decidió que era el momento de adquirir su primer carro de agencia. Hasta ese momento, su método había sido comprar un vehículo usado, pagarlo, venderlo y usar ese monto como base para el siguiente salto. Su primer automóvil había sido un modelo del año 77 y, desde entonces, había avanzado lentamente, modelo por modelo y préstamo por préstamo. Su objetivo era modesto: comprar un carro nuevo, pagarlo durante algunos años y repetir la operación.

El camino hacia este premio tuvo un giro inesperado. Inicialmente, don José se interesó en una Expomóvil y apartó un vehículo de una marca distinta a la que usa actualmente, realizando el enganche correspondiente. No obstante, al momento de recibirlo, le informaron que debía esperar al menos tres meses más. Ante la demora, decidió cancelar la operación y solicitó la devolución de su dinero. Fue entonces cuando decidió acudir a Toyota, una marca que le gustaba más aunque representaba un esfuerzo mayor para su presupuesto. Tras hacer las cuentas, se decidió por un modelo Camry y, quince días después, ya tenía el vehículo en sus manos.

El elemento determinante de su fortuna ocurrió durante una promoción de la agencia Toyota, donde los compradores recibían boletas para participar en un sorteo. José Antonio llenó las boletas, pero al retirarse olvidó depositarlas en el buzón. Fue la vendedora que lo atendió, una mujer llamada Francine, quien, en un acto de bondad desinteresada, depositó los boletos por él. El informático ni siquiera se percató de que este gesto había ocurrido.

El resultado llegó un día de agosto a través de una llamada telefónica que lo dejó atónito: le informaron que había ganado una Toyota Rav4 de por vida. Tras una reacción inicial de desconfianza, acudió a la agencia para confirmar la noticia. Allí descubrió un detalle adicional sobre su suerte: el concurso era exclusivo para personas físicas y los dos primeros nombres extraídos correspondían a empresas, por lo que fueron descartados. El tercer nombre en salir fue el suyo.

Desde 2012, la vida de José Antonio ha seguido un calendario particular. Cada dos años devuelve el vehículo y recibe uno nuevo, acumulando ya siete automóviles. Para mantener este beneficio, debe cumplir condiciones estrictas: mantener el vehículo al día, realizar todos los mantenimientos correspondientes y contar con un seguro adecuado para entregar el carro en excelentes condiciones. Generalmente, entrega los vehículos con alrededor de 20.000 kilómetros y sin fallas importantes.

Para don José, este suceso representó un cambio total de perspectiva. Después de décadas de hacer sacrificios y llevar cuentas minuciosas para progresar paso a paso, sintió que la vida le daba una sorpresa inesperada. Aunque antes solo había ganado una pequeña suma de 75 mil colones en un sorteo de Tiempos, hoy ve este premio como una bendición que llegó en el momento justo.

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