Diez días después de que inundaciones catastróficas azotaran la frontera entre Nepal y China, emergen historias de supervivencia que rozan lo milagroso. El balance es devastador: al menos 1.375 personas han muerto y más de 5.000 permanecen desaparecidas, afectando a unas 33.000 personas y destruyendo más de 7.500 viviendas, puentes y carreteras.
Entre los sobrevivientes destaca Lu Haitao, un ciudadano chino de 49 años, rescatado por el Ejército de Nepal y un equipo surcoreano a 225 metros dentro de un túnel del proyecto hidroeléctrico Upper Trishuli-1. Lu relató que gritaba desesperadamente cada vez que divisaba el haz de luz de los rescatistas.
En otro caso dramático, Chandika Shrestha, una mujer de 60 años, fue hallada en la planta alta de un edificio. Sus hijos, al ver la magnitud de la destrucción, ya habían comenzado los preparativos para su funeral, creyéndola fallecida. Asimismo, dos trabajadores fueron rescatados de una cámara subterránea en la central Trishuli 3A; uno de ellos, Sanjay Sah, al ser rescatado, preguntó simplemente: "¿Qué día es hoy?".
Para lograr estos hallazgos, los rescatistas han utilizado tecnología avanzada, incluyendo datos satelitales, planos topográficos y cámaras térmicas en drones. Sin embargo, la crisis humanitaria es profunda. La ONU busca recaudar casi 50 millones de dólares para asistir a más de 84.000 personas que han perdido sus hogares y medios de vida.
A pesar de la esperanza que brindan estos rescates, las autoridades nepalíes ya solicitan muestras de ADN a los familiares de los desaparecidos para identificar los restos que puedan recuperarse en el futuro, mientras las operaciones de búsqueda continúan en terrenos sumamente peligrosos.
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