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La dinámica de las 'rodinhas': el pacto de energía y respeto en los conciertos

"Ainda vou te levar pra outro lugar..." promete a música dos Detonautas. E foi com esses versos e os acordes que Tico Santa Cruz fez um convite ao público: "Vamos formar uma rodinha, quero ver a energia lá em cima". E não teve proposta melhor para o público realmente ir para outra dimensão. Já virou moda em show animado: os fãs se organizam para pularem juntos e trombarem uns nos outros. Foi assim no Detonautas, Diogo Defante e no show de Larissa Luz. E ninguém se machuca. Tem regras não veladas. Eu, o repórter, fui lá testar. Roda punk vira moda em shows no Rock in Rio: repórter testa Leonardo Ribeiro No show do Detonautas, o sistema de autogestão já estava dominando em músicas mais animadas antes mesmo de Tico convidar. Um fã é o responsável por abrir a roda e afastar as pessoas para deixar um buraco ao meio. Depois, quando as batidas da música ficam mais fortes, o "juiz" responsável por abri-la é quem dá o sinal para todos se misturarem. Mas é lindo também quando funciona o um pacto silencioso. Há uma troca de olhares e todos decidem juntos quando vão se misturar. A medida em que pulam e trombam, os lados vão sendo trocados. — Logo nas primeiras músicas mais aceleradas o próprio público já estava formando a rodinha. Quando chamei, foi só botar a cereja no bolo. E é maneiríssimo ver todo mundo dançando, zero violência, se divertindo. Isso mostra que o rock é um gênero que agrega as pessoas — diz Tico, ao EXTRA, logo depois de se divertir com o que viu. Tico Santa Cruz se diverte com rodinhas punk em show Leonardo Ribeiro Para quem está começando, a dica é pular primeiro pelas extremidades da roda, na parte mais externa, próximo ao público que decide não pular. Porque assim fica mais fácil sair da muvuca se não quiser mais brincar. Se alguém cai, é lei: todos agem para ajudar quem precisa se levantar. E para mulheres, há riscos? — Eu sempre entro nas rodinhas. É uma sensação que não consigo descrever. Eu recomendaria para mulheres que estão começando a pular na parte mais externa, ao lado de algum homem conhecido, ou já identificar aqueles que sejam mais respeitosos. Ninguém entra para ser empurrado para machucar. Depois de pular, fico com a adrenalina lá em cima. É muito bom — diz Nicole Cristina, de 39 anos. Nicole Cristina é adepta das rodinhas funk Leonardo Ribeiro Saiba que ficar no meio é pular por tabela. O alto fluxo de pessoas não te deixa ficar parado. E é questão de prática até adquirir a confiança para ficar no meio da roda. Agora, um lembrete: cuidado com os seus pertences, alguma coisa pode cair do bolso se você não segurar. — A adrenalina depois de uma roda é muito boa, a gente sente um astral maravilhoso. Meu joelho está bichado, estava morto por dentro, mas a rodinha dá uma levantada. Não tem como não se divertir — diz Andrine Tapajós, de 45 anos. Realmente, não há sensação melhor em um show. O coração fica acelerado, músicas já conhecidas ganham novas lembranças. E chega a ser engraçado saber que pulou com vários desconhecidos de um jeito desgovernado enquanto a banda toca. Andrine Tapajós é adepto das rodinhas punk Leonardo Ribeiro Initial plugin text

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La dinámica de las 'rodinhas': el pacto de energía y respeto en los conciertos

Durante las presentaciones musicales recientes, se ha consolidado una tendencia entre el público que transforma la experiencia del concierto en una dimensión distinta. A través de los acordes y la letra de la canción "Ainda vou te levar pra outro lugar", de la banda Detonautas, el líder Tico Santa Cruz lanzó una invitación directa a los asistentes: "Vamos a formar un círculo, quiero ver la energía allá arriba". Esta propuesta dio paso a una de las dinámicas más animadas de los espectáculos actuales, donde los fanáticos se organizan para saltar juntos y chocar entre sí, una práctica que también se ha observado en los shows de Diogo Defante y Larissa Luz.

A pesar de la apariencia caótica de estos encuentros, existe un sistema de autogestión y reglas no escritas que garantizan que nadie resulte herido. En el caso del concierto de Detonautas, el público ya había comenzado a implementar este sistema incluso antes de que el cantante lo sugiriera. La dinámica comienza generalmente con un fanático que asume la responsabilidad de abrir la rueda, apartando a las personas para crear un espacio vacío en el centro. Posteriormente, cuando el ritmo de la música se intensifica, este "juez" encargado de la apertura es quien da la señal para que todos los participantes se mezclen en el centro.

Sin embargo, no siempre se requiere de un líder visible. En ocasiones, el proceso ocurre a través de un pacto silencioso, donde un intercambio de miradas entre los asistentes permite decidir colectivamente el momento exacto de la convergencia. A medida que saltan y chocan, los participantes van intercambiando sus posiciones en el círculo de manera orgánica. Tico Santa Cruz destacó que este fenómeno es sumamente positivo, señalando que el público ya estaba formando los círculos desde las primeras canciones aceleradas. Para el músico, el hecho de ver a todos bailando sin violencia demuestra que el rock es un género que logra agregar y unir a las personas.

Para aquellos que desean integrarse a esta experiencia por primera vez, existen recomendaciones prácticas para garantizar la seguridad. La sugerencia principal es comenzar a saltar por las extremidades externas de la rueda, permaneciendo cerca del público que ha decidido no participar. Esta ubicación facilita la salida de la multitud en caso de que la persona ya no desee continuar con la actividad. Además, existe una ley fundamental e inquebrantable dentro de la rueda: si alguien cae, todos los presentes actúan inmediatamente para ayudar a esa persona a levantarse.

En cuanto a la participación femenina, Nicole Cristina, de 39 años, comparte su experiencia personal afirmando que suele entrar en estas ruedas por la sensación indescriptible que generan. Para las mujeres que están comenzando, Nicole recomienda saltar en la parte exterior, preferiblemente junto a un hombre conocido o identificando a aquellos que se muestren más respetuosos. Según su testimonio, el objetivo de entrar en la rueda no es empujar para lastimar, y la sensación de adrenalina posterior es muy satisfactoria.

El centro de la rueda representa un desafío mayor, ya que quien se encuentra allí se ve impulsado por el flujo constante de personas, lo que impide quedarse quieto. Llegar a esa zona central requiere de práctica y de adquirir la confianza necesaria para manejar el impacto. No obstante, los asistentes deben mantener una precaución constante con sus pertenencias personales, ya que el movimiento brusco puede provocar que objetos caigan de los bolsillos si no se sujetan adecuadamente.

El impacto emocional de esta práctica es significativo. Andrine Tapajós, de 45 años, describió que la adrenalina posterior a una rueda deja un astral maravilloso. A pesar de mencionar que tiene un problema en la rodilla, afirmó que la energía de la rueda logra "levantarla" anímicamente y que es imposible no divertirse en el proceso. En definitiva, esta dinámica permite que el corazón se acelere y que las canciones conocidas adquieran nuevos recuerdos, transformando el acto de saltar con desconocidos en una experiencia coordinadamente desgovernada mientras la banda continúa tocando.

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