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Guayaquil: el llamado a rescatar la labor intelectual frente al pragmatismo comercial

Más allá del comercio y la seguridad, Guayaquil requiere intelectuales que aporten respuestas profundas a las demandas de la sociedad

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Guayaquil: el llamado a rescatar la labor intelectual frente al pragmatismo comercial

En el contexto actual de Guayaquil, se ha generado una reflexión profunda sobre la identidad de la ciudad y la valoración de sus ciudadanos. Según el análisis de Víctor Maspons Noboa, la urbe se encuentra inmersa en una tensión constante entre su personalidad comercial, marcada por la denominada "viveza criolla", y la figura del intelectual, quien es percibido frecuentemente como una especie anómala o un ser extraño que surge contra todo pronóstico y necesidad.

Esta percepción surge en un escenario donde la ciudad enfrenta problemas acuciantes como la inseguridad, el desempleo y la informalidad. Bajo esta presión social, quienes se dedican a las letras o a la actividad intelectual son vistos a menudo como un lujo superfluo. Existe una narrativa dominante que sugiere que la prioridad debe ser la formación de personas trabajadoras y la enseñanza de herramientas estrictamente útiles para el mercado laboral.

Esta visión pragmática cuestiona la utilidad de conocimientos académicos tradicionales frente a necesidades inmediatas. Se plantea, por ejemplo, la duda sobre la utilidad de aprender el trinomio cuadrado perfecto si no se enseña a codificar, o la relevancia de estudiar a filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles cuando no se instruye sobre cómo realizar una declaración de renta. Incluso se llega a cuestionar la lectura de obras clásicas como La Odisea en una ciudad que sufre el azote constante de la violencia.

El análisis señala que esta perspectiva ha sido validada en el pasado a través de discursos políticos. Un ejemplo claro fue el debate entre León Febres-Cordero y Rodrigo Borja, donde se utilizó un argumento 'ad hominem' basado en la división del trabajo. En dicha confrontación, se contraponía la imagen de quien posee callos en las manos debido a años de labor en el campo y la industria, frente a quien ha pasado su vida detrás de un escritorio escribiendo "libritos" y panfletos. La efectividad de este argumento residía en la confianza de que resonaba con la idiosincrasia local.

Sin embargo, la historia de Guayaquil demuestra que la ciudad ha sido tierra fértil para los intelectuales. Figuras como Olmedo, frecuentemente alabado por políticos que luego exaltan la rudeza del guayaquileño, fue un académico y poeta que estudió Derecho y Filosofía. De igual manera, Vicente Rocafuerte, además de su rol como presidente y empresario, mantuvo una vida intelectual profunda y poseyó una biblioteca numerosa, detalle que Gabriela Calderón rescata en su libro "En busca de la libertad" (2025). El texto advierte que la ciudad ha caído en la contradicción de erigir estatuas a los intelectuales para posteriormente renegar de ellos y calificar su labor como socialmente inútil.

El argumento central es que la elección entre la actividad del pensamiento y la idiosincrasia comercial representa una falsa dicotomía. Se sostiene que el ciudadano guayaquileño y ecuatoriano puede y debe cultivar simultáneamente la vida activa y la contemplativa, integrando el trabajo manual con el intelectual y la industria con las letras.

En la actualidad, Guayaquil requiere no solo de desarrollo, seguridad y progreso, sino fundamentalmente de ideas. Se critica el uso de categorías agotadas y consignas repetitivas. Por un lado, se menciona la demanda de "autonomía", pero sin una definición clara de qué tipo de autonomía se busca ni cuáles han sido sus formas históricas. Por otro lado, ante el clamor de "mano dura", se cuestiona la falta de apoyo institucional y universitario para proyectos de investigación que estudien las causas reales de la violencia, tanto en el sector público como en el privado.

Se concluye que la apertura comercial y las medidas de seguridad no son suficientes. La ciudad necesita el cultivo de una vida cultural e intelectual compuesta por historiadores que rescaten el pasado, arquitectos que diseñen la ciudad, poetas que la imaginen, novelistas que narren sus calles y filósofos que inviten a la reflexión. A pesar de que estos profesionales existen, se encuentran actualmente aislados y carecen de respaldo económico o institucional. El llamado final es a promover, en palabras del filósofo José María Torralba, "una rebelión leal a la República de las Letras", recordando que la dimensión intelectual también es parte esencial de Guayaquil.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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