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Sharon Gal-Or: El Salvador debe transitar de la seguridad hacia una nueva narrativa de cultura e innovación

Sharon Gal-Or, escritor y coautor de Zero Crime, plantea una mirada sobre el futuro de El Salvador que va más allá de la seguridad. En esta conversación aborda el papel que pueden tener la inteligencia artificial, la educación, la identidad y la cultura en una nueva etapa del país.

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Sharon Gal-Or: El Salvador debe transitar de la seguridad hacia una nueva narrativa de cultura e innovación

Sharon Gal-Or, escritor y coautor de la obra "Zero Crime", plantea una visión prospectiva sobre el futuro de El Salvador que propone ir más allá de los logros en materia de seguridad. En una reflexión profunda sobre el estado actual del país, Gal-Or analiza cómo la inteligencia artificial, la educación, la identidad y la cultura pueden articularse para definir una nueva etapa en la historia nacional.

El autor comienza reconociendo la transformación de seguridad experimentada en el país bajo el liderazgo del presidente Nayib Bukele. Según Gal-Or, la seguridad no fue abordada como una política aislada, sino como una misión nacional, logrando que aspectos que muchos salvadoreños consideraban imposibles se integraran en la vida cotidiana. El autor ejemplifica este cambio citando el Centro Histórico de San Salvador, un espacio que ha pasado del miedo a estar lleno de familias, visitantes y vida pública.

Sin embargo, Gal-Or advierte que existe una brecha significativa entre la realidad interna y la percepción internacional. Describe esta situación comparándola con una película que ha cambiado su trama, pero cuyo público sigue mirando el afiche antiguo. Para el escritor, la reputación de un país no es un elemento cosmético, ya que impacta directamente en el turismo, la inversión, las alianzas estratégicas y la percepción que los propios ciudadanos tienen de sí mismos. Por ello, "Zero Crime" se presenta como una invitación al mundo para mirar nuevamente al país.

Para el autor, una vez alcanzada la estabilidad en seguridad, la jerarquía de las prioridades sociales se desplaza. Gal-Or sostiene que ahora es el momento de aplicar el mismo coraje utilizado en la seguridad hacia la imaginación y la creación. En este sentido, propone que la salud, la educación y las oportunidades económicas deben ser centrales, pero añade la necesidad de desarrollar lo que él denomina "infraestructura cultural y espiritual".

Gal-Or distingue tres tipos de infraestructura esenciales para el desarrollo moderno: la física (carreteras, hospitales, electricidad), la digital (conectividad, datos e inteligencia artificial) y la invisible o cultural, compuesta por historias, tradiciones, símbolos y sentido de pertenencia. Advierte que una sociedad puede volverse más rica y tecnológicamente sofisticada, pero psicológicamente más pobre si descuida sus narrativas colectivas.

En el ámbito tecnológico, Gal-Or menciona la creación de LATAMIA, una iniciativa destinada a ayudar a instituciones y empresas a integrar la inteligencia artificial de manera responsable. El autor enfatiza que el futuro no se trata de una competencia entre humanos e IA, sino de una "orquestación" donde las personas dirijan redes de software y agentes especializados. Subraya que, mientras la IA puede predecir patrones, la sabiduría humana es la encargada de decidir qué es deseable y ético.

Como parte de su visión cultural, el escritor propone proyectos simbólicos como el "Cristo del Pacífico" en el Golfo de Fonseca. Para Gal-Or, este monumento, que incluiría el sonido de un shofar, no sería meramente un símbolo religioso, sino una pieza de infraestructura espiritual destinada a proyectar paz, esperanza y unidad hacia el mundo. Compara el poder de los símbolos con la Estatua de la Libertad, argumentando que estas obras comprimen ideas complejas en imágenes que las generaciones pueden recordar y transmitir.

Complementando esta visión, Gal-Or sugiere la creación de los "Caminos de Centroamérica", una red de rutas que conecten comunidades, volcanes y centros culturales. Inspirándose en el Camino de Santiago, propone que el acto de caminar y el contacto humano repetido puedan servir como una herramienta educativa para los jóvenes y un mecanismo de integración regional. El objetivo sería que los ciudadanos de Centroamérica se reconozcan como una familia, reduciendo la distancia mental que imponen las fronteras geográficas.

Finalmente, Sharon Gal-Or reflexiona sobre la identidad que los salvadoreños desean proyectar. Sostiene que, antes de cambiar el branding internacional, el país debe decidir qué historia quiere contarse a sí mismo. Visualiza un El Salvador que utilice la tecnología sin ser utilizado por ella, que recuerde sus heridas sin quedar atrapado en ellas y que descubra que su tamaño geográfico no limita la magnitud de su contribución al mundo.

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