La pérdida acelerada de aprobación que experimentan los gobiernos al inicio de sus mandatos es un fenómeno recurrente que suele atribuirse a errores circunstanciales o a la ineptitud en la gestión. Sin embargo, desde una perspectiva sociológica, existe una explicación más profunda y estructural denominada "discordancia temporal", según analiza Mauro Basaure, director del Doctorado en Teoría Crítica y Sociedad Actual (TECSA) de la UNAB.
El núcleo de este problema reside en lo que la literatura científica define como "promissory legitimacy" o legitimidad fundada en la promesa. Este concepto describe el apoyo inicial que recibe una autoridad política basándose en la credibilidad del futuro que propone. No obstante, este crédito es un recurso limitado que se consume con rapidez debido a la naturaleza dispar de los tiempos políticos y sociales.
Basaure explica que existe una brecha crítica: mientras que la política es capaz de generar expectativas en cuestión de días, los cambios reales en indicadores fundamentales como el crecimiento económico, el empleo, la seguridad o la productividad requieren de años para materializarse. En medio de este desfase, la opinión pública no se detiene y evalúa el desempeño gubernamental de manera ininterrumpida.
Cuando transcurren semanas sin que se produzcan señales visibles de avance, el ciudadano deja de percibir la demora como una parte normal de un proceso administrativo y comienza a interpretarla como un incumplimiento de la promesa electoral. De este modo, la legitimidad basada en el porvenir no desaparece de forma abrupta, sino que atraviesa un proceso de envejecimiento negativo.
Esta situación desencadena un círculo vicioso difícil de romper. La ausencia de resultados inmediatos reduce la confianza de la ciudadanía; a su vez, esa desconfianza altera la percepción de los datos. En este escenario, incluso cuando el gobierno logra mejoras parciales, estas son percibidas por la opinión pública como tardías o insuficientes. El resultado es que el Ejecutivo pierde precisamente el crédito político que necesitaba para justificar por qué sus políticas requieren tiempo para dar frutos.
Este desgaste no solo afecta la relación con la ciudadanía, sino que impacta directamente en la gobernabilidad. La pérdida de apoyo se traslada al Congreso, donde para los legisladores resulta electoralmente productivo alinearse con quienes denuncian la falta de eficacia del gobierno, priorizando la obtención de votos sobre la paciencia institucional.
El análisis de Basaure pone un ejemplo concreto en el gobierno de Kast, que propuso implementar cambios integrales en un plazo de 90 días. Al prometer rapidez, el gobierno no solo se obligó a actuar con celeridad, sino que convirtió cualquier demora en un motivo de sospecha política. Esto resalta la importancia del "control del ritmo", un elemento frecuentemente olvidado en la estrategia política.
Para que una promesa se mantenga vigente, es indispensable que el futuro deje anticipos reconocibles en el presente. Esto implica la implementación de metas intermedias, la visibilización de mejoras parciales, la creación de mecanismos de protección para quienes soportan los costos de las transiciones y una capacidad evidente de corregir el rumbo. Sin estas señales tangibles, el mañana deja de servir como justificación para las dificultades del presente.
Para ilustrar este vacío, Basaure recurre a la obra "Esperando a Godot" de Samuel Beckett, donde la espera se sostiene únicamente por la certeza de que algo llegará. La fuerza corrosiva de esa espera no proviene solo de la tardanza, sino de la ausencia total de indicios. En el ámbito político sucede lo mismo: la paciencia de la sociedad se agota cuando no hay confirmaciones de que el futuro prometido se está acercando.
En conclusión, el problema central no radica necesariamente en el incumplimiento total de las metas, sino en haber prometido una velocidad que los procesos sociales, por su propia naturaleza, no obedecen. Si bien un gobierno no puede vencer las leyes del tiempo, sí tiene la capacidad de gestionar las expectativas para evitar que cada día transcurrido sea visto no como una espera, sino como una refutación de su capacidad de mando.




