Tensión máxima en Medio Oriente. Estados Unidos ha bombardeado dos lanzacohetes de la Guardia Revolucionaria Islámica en la isla de Larak, justificando la acción por la colocación de minas que amenazaban el estrecho de Ormuz.
Irán respondió rápidamente con ataques contra bases estadounidenses en Jordania y los Emiratos Árabes Unidos. Según reportes, los embates afectaron infraestructura técnica y de despliegue de aviones en las bases Al Hussein y Al Azraq, en Jordania, donde las fuerzas jordanas interceptaron ocho misiles.
En Teherán, el ayatollah Mojtaba Jamenei instó a los países del Golfo Pérsico a identificar a Estados Unidos e Israel como el “verdadero enemigo” y llamó a la unidad de la comunidad musulmana. Por su parte, el presidente Masoud Pezeshkian afirmó que Irán no busca la guerra, pero que no permanecerá impasible ante las agresiones.
Desde Washington, el presidente Donald Trump defendió la ofensiva, calificando a Irán como el principal Estado patrocinador del terrorismo y reiterando que no podrán obtener un arma nuclear. Trump compartió además un video generado por inteligencia artificial sobre el bombardeo de la isla de Jarg, un nodo económico vital para las exportaciones de petróleo iraníes.
El saldo humano reportado por la Guardia Revolucionaria es de al menos dos muertos y dos heridos en la isla de Larak. En el ámbito militar, Irán asegura haber derribado un dron estadounidense MQ-9 Reaper sobre el estrecho de Ormuz, mientras que la Oficina de Comercio Marítimo del Reino Unido reportó el ataque a un buque cisterna cerca de Omán.
A pesar de las acciones, evaluaciones clasificadas advertían al secretario de Guerra, Pete Hegseth, que prolongar operaciones a gran escala contra Irán es insostenible y debilita la capacidad de respuesta de Estados Unidos ante otras amenazas.
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