El acceso a internet trae oportunidades, pero también peligros invisibles. En Cuba, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, identifica el grooming o engaño pederasta como una forma de violencia digital que afecta a niñas, niños y adolescentes.
Este abuso ocurre cuando un adulto utiliza perfiles falsos en redes sociales, videojuegos o chats para generar confianza y acosar sexualmente a un menor. A pesar de las limitaciones de conectividad en la isla, el riesgo persiste y se agrava con el aumento del uso de redes sociales a edades tempranas.
En respuesta, Cuba implementó en enero de 2026 el Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes. Esta normativa reconoce expresamente los riesgos digitales y establece la obligación de los padres de supervisar el uso de la tecnología, mientras que el Estado debe garantizar apoyo psicológico y legal a las víctimas.
Sin embargo, existe un vacío crítico: no hay estadísticas públicas que permitan cuantificar la dimensión real de este delito en el país. No se conocen cifras oficiales de denuncias ni condenas nacionales. Como ejemplo de la vulnerabilidad, en marzo de 2026, un ciudadano estadounidense fue condenado por solicitar videos sexuales a una adolescente cubana de 15 años, demostrando que las fronteras físicas no protegen a los menores de agresores externos.
Un estudio de la Universidad de La Habana revela la urgencia de la prevención. En una muestra de 120 familias, el 92 % de los menores tenía acceso a internet, pero solo el 20 % de los padres supervisaba ocasionalmente su actividad. Además, el 58 % de los encuestados desconocía el término grooming.
La conclusión es clara: aunque la ley avance, la prevención depende fundamentalmente del rol rector de las familias para evitar que el anonimato digital se convierta en una herramienta de abuso.
Siguenos en Noticias lat para más noticias.





