La película "Barreda", bajo la dirección de Daniela Goggi, ya se encuentra disponible para el público, trasladando a la pantalla una de las crónicas criminales más impactantes de La Plata. El film se centra en la historia de Ricardo Barreda, un odontólogo que el 15 de noviembre de 1992 asesinó a sus hijas, a su esposa y a su suegra en el interior de su hogar. El desafío de encarnar a este femicida recayó en el actor Luís Machín, quien recientemente ha compartido los detalles sobre el complejo proceso de preparación y el impacto emocional que significó ponerse en la piel del victimario.
Al ser consultado sobre la dificultad de interpretar a un personaje con semejante historial, Machín fue tajante al afirmar que el proceso resultó difícil en múltiples dimensiones. El actor subrayó que la carga emocional y ética fue especialmente pesada debido a que Barreda cometió cuatro asesinatos. Para Machín, la complejidad no radicaba en la necesidad de comprender o justificar las acciones del femicida —algo que descartó rotundamente— sino en la gestión de la percepción pública. El actor explicó que, en ocasiones, siente la necesidad de aclarar que el abordaje artístico de un personaje no implica una cercanía personal ni una coincidencia en el pensamiento con el sujeto interpretado.
En cuanto a la construcción del elenco y la investigación previa, Machín reveló que el equipo mantuvo numerosas reuniones para definir desde qué perspectiva construirían la historia. Un punto crítico en este proceso fue la escasez de documentación sobre las víctimas femeninas; el actor señaló que solo se disponía de algunas fotografías y muy poca información detallada sobre ellas. Ante este vacío, las actrices Maite Lanata y Margarita Páez, quienes interpretan a las hijas de Barreda en la ficción, buscaron establecer contacto con algunas amigas reales de las jóvenes asesinadas.
A través de estos intercambios, surgió un dato doloroso sobre el impacto social del crimen. Según relataron las amigas de las víctimas, el proceso de duelo fue obstaculizado por el hostigamiento de la sociedad. Estas personas fueron señaladas y cuestionadas, bajo la premisa errónea de que las víctimas habían sido quienes "volvieron loco" a Barreda. Este testimonio puso de manifiesto que el sufrimiento se extendió más allá del círculo familiar inmediato, afectando a quienes mantenían vínculos afectivos con las jóvenes durante años.
La precisión de la interpretación de Machín ha recibido comentarios significativos. El actor relató que una amiga de una de las víctimas le confesó que su actuación la hizo "viajar en el tiempo", evocando los años en los que visitaba aquella casa y escuchaba la forma de hablar de Ricardo Barreda. Esta logrado resultado es, en parte, consecuencia de la inmersión total del actor en el rodaje, ya que estuvo presente en prácticamente todas las escenas. Machín describió cómo convivir diariamente con el tono de voz, los movimientos y el clima tenso del set fue fundamental para la construcción del personaje. Especialmente mencionó las escenas del juicio, describiendo que la atmósfera era tan densa que "el aire se cortaba con un cuchillo", resultando en grabaciones extensas y cargadas de duelo.
Finalmente, el actor fue honesto sobre la dificultad de desprenderse de la identidad de Barreda una vez finalizado el trabajo. Machín confesó haber experimentado sueños intensos como mecanismo de liberación psicológica. En uno de ellos, soñó que mataba a Barreda a escopetazos, un suceso que, según el actor, permitió que en su mente se generara un "corte" necesario para liberarse de la carga del personaje.
Sin embargo, la persistencia del personaje se manifestó incluso poco antes del estreno, cuando tuvo un sueño en el que Barreda le mostraba la casa y los lugares exactos donde había asesinado a cada una de las mujeres. El actor concluyó reflexionando sobre cómo elementos cotidianos, como los anteojos o la copa de vino del personaje, se integraron en su mente, desafiando su capacidad habitual para separarse de los roles que interpreta.





