¿En qué momento se jodió el fútbol guayaquileño? Esta pregunta, inspirada en una célebre frase de Mario Vargas Llosa, resulta inevitable al observar el panorama actual del balompié en Ecuador.
Mientras Independiente del Valle y Liga de Quito generan respeto en el continente al avanzar a los cuartos de final de la Copa Libertadores para enfrentar a Flamengo y Palmeiras, los clubes de Guayaquil atraviesan una realidad opuesta.
Barcelona SC ocupa actualmente el sexto lugar de la Liga Pro 2026, luchando por un cupo al hexagonal final con un plantel que no entusiasma. Para completar el escenario, el club ha incorporado como refuerzo a Damián Díaz, de 40 años, quien es simultáneamente uno de los principales acreedores de la institución.
Por su parte, Emelec vive una situación más crítica, ubicándose en la posición doce del torneo nacional y encontrándose peligrosamente cerca del hexagonal por la permanencia. El equipo busca una salida al naufragio bajo la dirección técnica del argentino Ezequiel Medrán.
No siempre fue así. Guayaquil mantuvo el liderazgo del fútbol ecuatoriano desde 1908. Hubo una era de esplendor con figuras como Alberto Spencer y José Vicente Balseca, y la ciudad recibió a leyendas mundiales como Pelé, Alfredo Di Stéfano y Eusebio. En 1990, Barcelona y Emelec llegaron simultáneamente a los cuartos de final de la Libertadores, demostrando que existía una estructura, cantera y cultura deportiva sólida.
¿Qué pasó con ese mundo? No desapareció de un día para otro, sino que se evaporó entre derroches, improvisaciones y latrocinios. El declive no tiene una fecha exacta; fue el resultado de dejar de cuidar aquello que costó décadas construir. Hoy, Guayaquil contempla las ruinas de una grandeza que alguna vez fue suya.
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