El amanecer del 5 de septiembre de 1957 marcó un punto de inflexión en la lucha contra la dictadura en Cuba, con el levantamiento armado protagonizado por militantes del Movimiento 26 de Julio, oficiales y miembros de la Marina de Guerra, junto al pueblo de la ciudad de Cienfuegos. Esta acción audaz situó a la urbe del centro de la isla en el corazón de la lucha patria, convirtiéndose en un evento que, a pesar de no alcanzar sus objetivos tácticos inmediatos, quedó registrado en la historia como un combate resuelto y heroico, según la calificación otorgada posteriormente por Fidel Castro.
En aquel momento, el escenario nacional ya estaba marcado por la guerra de liberación encabezada por Fidel Castro en la Sierra Maestra, la cual había comenzado el 2 de diciembre de 1956 y se encontraba en una fase creciente y esperanzadora. La iniciativa de Cienfuegos fue una de las manifestaciones de cómo la llama de los combates se estaba diseminando por diversos frentes del territorio nacional, buscando desestabilizar el poder corrupto y asesino de la época.
Durante la jornada del 5 de septiembre, la insurgencia logró tomar Cayo Loco y otros enclaves estratégicos de la ciudad. El pueblo de Cienfuegos, enardecido, mostró el coraje de respaldar a los combatientes y desafiar al régimen. Fue una jornada descrita como un momento de luz y combate, en el cual los habitantes de la urbe vivieron 24 horas sintiendo una libertad plena, lo que sirvió para anunciar la firme decisión de lucha que se estaba forjando entre la juventud y el pueblo cubano.
Sin embargo, los alzados y sus seguidores se enfrentaron a una brutal embestida de una fuerza armada bien dotada y robustecida por una saña criminal. La represión ejercida por las fuerzas de Fulgencio Batista ocasionó decenas de muertos, heridos y mutilados en un intento por abortar la acción. A pesar de la violencia, el acto de rebeldía se transformó en una victoria moral de incalculable valor con resonancia en todo el país. Ante este hecho, el dictador Batista intentó diezmar y desarticular al M-26-7 y sus vínculos con otras fuerzas progresistas en la denominada Perla del Sur.
La acción en Cienfuegos no fue un hecho aislado, sino que debía formar parte de una cadena de insubordinaciones previstas a nivel nacional, que incluían asaltos al Estado Mayor de la Marina de Guerra y al Palacio Presidencial en La Habana, además de combates en Santiago de Cuba. No obstante, los implicados en Cienfuegos no recibieron a tiempo la orden de posposición del alzamiento y ejecutaron la acción en la fecha acordada originalmente: el 5 de septiembre.
El proceso de planificación había sido complejo. Inicialmente, se contemplaba realizar la acción en abril y luego se precisó para el 28 de mayo. Estas fechas fueron pospuestas debido a fallas técnicas y a delaciones que ponían en peligro la eficacia del emprendimiento y la vida de los participantes. Julio Camacho Aguilera, jefe militar de un grupo de oficiales en la localidad, lideró la iniciativa que buscaba tomar la ciudad en pleno, incluyendo las estaciones de radio y comunicación, la policía marítima y el cuartel de la Guardia Rural.
A través de un duro bregar que duró casi todo el día, los patriotas conquistaron sitios clave. Sobre este evento, Fidel Castro afirmó en el XX Aniversario del levantamiento que la apertura de un segundo frente guerrillero en las montañas del Escambray habría significado una ayuda extraordinaria para los combatientes de la Sierra Maestra. Asimismo, destacó que el levantamiento demostró que la tiranía ya no podía presumir de la unidad de sus fuerzas armadas, ya que el régimen se mantenía apoyado precisamente en ellas.
Castro reconoció que, aunque en aquel momento no pudieron mantener el control del Ayuntamiento, el parque Martí, el Colegio San Lorenzo o el Cayo, la ciudad fue tomada definitivamente después. El líder subrayó que el pueblo se volvió dueño de su Patria no solo por saber conquistarla, sino por saber defenderla digna y heroicamente.
La lucha concluyó al filo de la medianoche, cuando los revolucionarios, víctimas del agotamiento y la carencia de municiones, terminaron los combates. A partir de entonces, comenzó una ola de torturas, asesinatos y persecuciones. Estos crímenes salvajes, similares a los que costaron la vida a los dirigentes Frank y Josué País en Santiago de Cuba, evidenciaron la realidad insostenible del país bajo un régimen que se enriquecía mediante la oligarquía y el entreguismo al capital foráneo.
Hoy, a 66 años del suceso, la memoria permanece viva en Cienfuegos. Cada aniversario, el pueblo peregrina desde el Parque José Martí hasta el cementerio donde reposan los héroes masacrados por la dictadura. Lugares como la Escuela Secundaria Básica “5 de Septiembre”, antiguo Colegio de San Lorenzo y escenario principal de los combates, sirven como recordatorio permanente de aquel instante libertario.


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