¿Es una coincidencia o hay algo más detrás? En Ecuador, esa palabra parece estar trabajando horas extra. Un video reveló que, el pasado 19 de agosto, en un hotel de Portoviejo, el candidato oficialista de ADN a la Prefectura de Manabí se reunió con el delegado provincial del CNE y uno de los vocales de la Junta Provincial Electoral.
Dos días después, esa misma Junta, con el voto de ese mismo vocal, aceptó las objeciones de ADN y eliminó a Luisa González de la contienda. Aunque el delegado explicó que el encuentro fue “pura coincidencia”, el hecho ha encendido las alarmas.
El problema central no es solo si el CNE actuó mal, sino que gran parte de la ciudadanía ya ha decidido que sí. El árbitro electoral administra algo sumamente frágil: la disposición de los perdedores a aceptar su derrota. Para evitar que el "perdimos" se convierta en un "nos robaron", al CNE no le basta con ser imparcial, tiene que parecerlo.
Los números reflejan una crisis profunda. Según el Barómetro de las Américas, apenas el 26 % de los ecuatorianos confía en sus elecciones, frente al 39 % del resto de la región. Además, la satisfacción con la democracia en el país se desplomó del 56 % en 2021 al 26 % en 2023.
Existe una brecha crítica: mientras que el 78 % de quienes confían en las instituciones respalda la democracia, solo el 43 % lo hace entre quienes desconfían. Esos 35 puntos de diferencia pueden significar la vida o la muerte del sistema democrático.
Al organismo electoral le corresponde no dar motivos razonables para la duda, porque en un país marcado por la desconfianza, hasta las coincidencias resultan sospechosas.
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