Nuggets de pollo con caviar por 100 dólares y cócteles de champán de 30. El US Open ha llevado el concepto de exclusividad a un nuevo nivel.
El Estadio Arthur Ashe inicia una renovación de 800 millones de dólares que prioriza el sector premium. Mientras los asientos a pie de cancha aumentarán un 66 %, alcanzando los 5,000 lugares, casi 3,000 asientos de la zona más económica serán eliminados.
Esta estrategia responde a la llamada "economía de la experiencia". Los ingresos por hospitalidad y servicios corporativos del torneo casi se duplicaron, pasando de 42 millones de dólares en 2019 a 83 millones en 2024. Ahora, el torneo ofrece suites que se alquilan desde 15,000 dólares por sesión, incluyendo espacios inspirados en hoteles franceses de alta gama o en los salones de aviones Airbus 380.
Sin embargo, este crecimiento tiene un costo para el aficionado promedio. Los pases para el recinto subieron de menos de 100 dólares en 2019 a 500 dólares este año. El tenista Tommy Paul ha criticado esta tendencia, señalando que el evento se está volviendo "más comercial" y dejando de lado a los "verdaderos aficionados".
El fenómeno no es aislado. Según el economista deportivo Victor Matheson, existe una tendencia desde los años 90 de sustituir gradas generales por suites de lujo, algo que también ocurre en la NFL y en el deporte universitario estadounidense. El objetivo es claro: generar más ingresos con un número menor de asistentes, pero con mayor poder adquisitivo, aprovechando el auge del turismo deportivo.
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