A tres semanas de iniciar su mandato, el presidente Abelardo de la Espriella organizó la "Gran Velatón" en la Plaza de Bolívar de Bogotá. El evento, convocado para orar por las víctimas del terremoto del pasado 10 de agosto, ha desatado una fuerte controversia sobre la neutralidad y laicidad del Estado.
Mientras el mandatario coronaba una estatua de la Virgen de Fátima y cantaba elevando sus brazos al cielo, la plaza se llenó a poco menos de la mitad de su capacidad. En la tarima predominaron líderes católicos y evangélicos, incluyendo a la Misión Carismática Internacional. Para seguidores como Santiago Rojas, integrar la fe en la política es una forma de servicio basada en la palabra de Dios.
Sin embargo, el acto fue criticado por sectores liberales y diversas religiones. Sara Alejandra Misnaza, miembro de la Mesa de asuntos religiosos de Nariño y creyente musulmana, denunció que el Gobierno excluye a budistas, anglicanos y musulmanes, vulnerando la libertad religiosa y la neutralidad estatal.
Esta situación ocurre mientras un juez le exigió al presidente disculparse por vulnerar la neutralidad religiosa durante su posesión, ordenándole evitar conductas que reflejen su inclinación hacia la Iglesia católica o cualquier otro credo. Pese a esto, el mandatario recientemente encomendó su política universitaria en cinco instituciones a un sacerdote católico.
La Asociación de Ateos de Bogotá fue tajante al señalar que el Gobierno instrumentaliza el dolor social y la vulnerabilidad tras la catástrofe para legitimar una cosmovisión religiosa desde el poder.
Por su parte, la primera dama, Ana Lucía Pineda, quien lidera la campaña de donaciones ‘Colombia un solo corazón’, afirmó que la oración permitió unir al país para brindar esperanza a las familias damnificadas. Al cierre del evento, la primera dama colocó un rosario en las manos de la imagen de la Virgen.
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