El regreso a La Bombonera terminó con un festejo agónico y un resultado vital. Boca logró quedarse con tres puntos de oro frente a Lanús, en un encuentro donde la resistencia en el área propia y la eficacia en el último suspiro fueron las claves para sellar la victoria. El marcador final, un 1-0, refleja la tensión de un partido que se definió en los instantes finales.
El encuentro tuvo un héroe en cada extremo del campo. Por un lado, Montero se erigió como el salvador del equipo. En el último minuto de juego, realizó una atajada extraordinaria ante el ataque del Granate, evitando el empate y manteniendo viva la posibilidad de triunfo. Esta intervención marcó el primer gran partido del arquero, quien dejó una impresión sumamente positiva en su actuación. Poco después de esa salvada, llegó la alegría definitiva a través de Tomás "Toto" Belmonte, quien apareció en la última jugada del partido con el olfato necesario para marcar el gol del triunfo. Belmonte, que no bajó los brazos en ningún momento, premió el esfuerzo colectivo con el tan ansiado 1-0.
En la zona defensiva, el desempeño fue dispar. El primer central de Boca mantuvo una actuación firme y correcta, destacándose nuevamente por su solidez en el juego aéreo, un punto vital en un puesto que aún no tiene un dueño definido. Por otro lado, el equipo vivió una sorpresa positiva con el jugador que tuvo su primera titularidad en La Bombonera, apenas diez días después de su debut en Primera División. Se mostró como un jugador impasable, fuerte como un toro en los duelos aéreos y firme en la marca baja, aunque el análisis técnico señala que todavía tiene margen de mejora en la salida del balón.
Sin embargo, los laterales no tuvieron la misma suerte. El lateral derecho sufrió en la marca, permitiendo que Lanús lastimara repetidamente por su banda, aunque mostró una cara más favorable en las proyecciones ofensivas. En la otra banda, el defensor número '3' tuvo una noche floja. El cansancio acumulado por la seguidilla de partidos pareció pasarle factura, ya que no logró incidir en el ataque y cometió reiterados errores en la posesión del balón, perdiendo pelotas en diversas ocasiones.
El centro del campo sintió la ausencia de Paredes desde el inicio. Ante esto, uno de los volantes asumió mayores responsabilidades, corriendo y recuperando durante todo el encuentro, además de brindar la asistencia para el gol de Belmonte, desempeñando un rol similar al de un número 10. En contraste, el joven jugador que sumó su segunda titularidad consecutiva se vio desordenado e impreciso en su juego. Asimismo, otro de los volantes estuvo lejos de su mejor versión, viéndose afectado por el agotamiento físico y la falta de apoyo de Paredes a su lado. Un tercer volante, que suele tener dificultades cuando es titular, volvió a perder muchos balones y terminó siendo reemplazado.
El ataque tampoco brilló durante la mayor parte del juego. El centrodelantero, que venía de marcar en tres partidos consecutivos, volvió a una versión similar a la del inicio del semestre, desapareciendo en el área y fallando en la generación de peligro, alejándose de lo que se necesita de él en su puesto. El extremo, por su parte, alternó momentos positivos con errores graves, perdiendo la pelota frecuentemente en el segundo tiempo y retrocediendo demasiado para recibir, lo que le quitó incisividad a sus arranques verticales.
Los cambios fueron determinantes para el resultado. El ingreso del jugador considerado el mejor del equipo, incluso estando a media máquina, cambió la dinámica del juego y fue el inicio de la jugada que terminó en el gol de Belmonte. También ingresó un jugador de 36 años que, aunque mostró potencia aérea, sigue en proceso de adaptación debido a que llegó sin pretemporada. Finalmente, otro suplente entró con peligro en sus primeras intervenciones, aunque su intensidad decayó con el tiempo y terminó sin ser decisivo.
Tras una actuación general deslucida del equipo, el entrenador se enfrenta ahora al reto de reorganizar la plantilla. Con la baja de Aranda por lo que resta del año y la ausencia inicial de Paredes, el funcionamiento colectivo fue irregular. No obstante, la capacidad de buscar soluciones mediante los cambios fue valorada, y el triunfo agónico sirve como premio a esa insistencia táctica.




