¿Cómo lograr que republicanos, demócratas, drag queens y líderes religiosos coincidan en un mismo sentimiento? Dolly Parton lo logró. La reina de la música country ha fallecido a los 80 años, dejando un vacío en una sociedad profundamente dividida.
Parton fue un ícono que trascendió géneros y se mantuvo neutral en las guerras culturales. Su estilo fue adoptado por la comunidad LGBTQ y protagonizó comedias feministas, mientras mantenía una profunda fe y gestionaba un parque temático familiar en Tennessee. Esta capacidad de no ofender a nadie generó homenajes transversales: desde Donald Trump, quien ordenó banderas a media asta, hasta Barack Obama, quien admitió que fue un error no concederle la Medalla Presidencial de la Libertad.
Aunque evitaba los respaldos políticos directos —bromeando alguna vez sobre presentarse a la presidencia porque tenía el cabello adecuado para ello—, no ignoraba la humanidad. Sobre el acceso a los baños para personas transgénero, sugirió que cada quien debería usar el que le hiciera sentir cómodo, añadiendo con su franqueza habitual que, si ella tenía que orinar, lo haría sin importar dónde fuera.
Su popularidad era excepcional. Una encuesta de la Universidad de Massachusetts y YouGov le otorgó un índice de aprobación del 65%, superando ampliamente a figuras como Obama o Trump. Para su biógrafa, Martha Ackmann, la esencia de Parton era una "decencia inquebrantable" basada en el principio bíblico de "no juzguéis, para que no seáis juzgados".
Dolly Parton demostró que no es necesaria la división para crear una audiencia global, basando su vida en el respeto, la compasión y la franqueza.
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