Canadá y Estados Unidos entran en una fase crítica de tensión comercial. El Primer Ministro canadiense, Mark Carney, ha retirado a su país de las negociaciones con la administración de Donald Trump, prometiendo responder “dólar por dólar” para proteger a sus trabajadores y empresas.
La ruptura ocurre luego de que Washington incluyera puntos inaceptables para Ottawa, tales como la eliminación del control de productos agrícolas, cuestionamientos a la identidad cultural bilingüe de Canadá y un compromiso para no firmar tratados comerciales con otras naciones, lo que afectaría directamente la soberanía canadiense.
Como respuesta, el gobierno de Trump impuso tarifas aduaneras del 50% a exportaciones canadienses por un valor de 28 mil millones de dólares. Esta medida afecta a sectores clave como la industria del acero, automóviles, electrónicos, cemento y hasta productos de hockey. Aunque solo representa el 5% de las exportaciones totales, el impacto en Quebec, Ontario y Columbia Británica es severo, con una previsión de pérdida de 90 mil empleos.
Este es el cuarto ataque comercial de Trump contra Canadá desde el inicio de su segundo mandato en enero de 2025. A pesar de que el T-MEC sigue vigente hasta 2035, la relación se ha deteriorado. Ante esto, Mark Carney impulsa una estrategia de diversificación económica, buscando estrechar lazos con Europa y fortalecer el mercado interno para reducir la dependencia de Estados Unidos, país al que Canadá destina el 72% de sus exportaciones.
Mientras Canadá prepara sus contramedidas para el próximo 8 de septiembre, la administración estadounidense enfrenta desafíos legales, ya que la Corte Suprema ha rechazado algunas de sus estrategias arancelarias. El desenlace de este conflicto será determinante para la estabilidad económica de América del Norte.
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