México es un territorio altamente sísmico. Pero, ¿qué ocurre realmente bajo nuestros pies y cómo debemos reaccionar ante un temblor?
El país es considerado una zona de alta sismicidad debido a su ubicación estratégica en el Cinturón de Fuego, región donde ocurre gran parte de los movimientos telúricos globales y donde confluyen hasta cinco placas tectónicas. Técnicamente, los sismos se originan cuando la roca en el interior de la Tierra se rompe de forma intempestiva, provocando la liberación de energía representada por ondas que generan el movimiento del terreno.
Sobre los tsunamis, es fundamental saber que no todos los terremotos los generan. Para que se produzca uno, deben cumplirse condiciones específicas como una magnitud considerable, que el epicentro sea bajo el océano o que exista un movimiento vertical del fondo marino. Cabe añadir que erupciones volcánicas y deslizamientos de volúmenes de tierra, ya sean submarinos o costeros, también pueden originarlos.
En cuanto a la medición, existe una diferencia clave entre magnitud e intensidad. La magnitud analiza el tamaño del sismo midiendo la energía liberada desde el hipocentro mediante sismógrafos, siendo la escala de Richter una de las más utilizadas. Por otro lado, la intensidad describe cómo las personas perciben el movimiento y el nivel de daño registrado en una ubicación específica, calificando el impacto visible en construcciones, infraestructura y personas.
Para mitigar riesgos, Google ha puesto a disposición un servicio gratuito de alerta para celulares con sistema Android, notificando los pormenores de los movimientos sísmicos. Finalmente, el Gobierno de México hace un llamado a la ciudadanía para tomar precauciones y conocer los números de emergencia ante posibles desastres naturales.
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