¿Es realmente la igualdad el pilar de Estados Unidos? La profesora de Columbia, Kim Phillips-Fein, revela en su libro "Country of Lords" una persistente tradición de líderes intelectuales y políticos que rechazan el principio de que "todos los hombres nacen iguales".
Esta corriente comienza con John Adams y su defensa de una "aristocracia natural". Más tarde, George Fitzhugh utilizó argumentos similares para justificar la esclavitud, mientras que el darwinismo social de Andrew Carnegie y William Sumner legitimó la extrema concentración de riqueza y el rechazo a los sindicatos.
La trayectoria antiigualitaria alcanzó puntos críticos con Lothrop Stoddard, quien promovió el racismo, la eugenesia y el fascismo. En el sector industrial, el taylorismo de Frederick Taylor y la visión de Henry Ford plantearon que los trabajadores tenían capacidades mentales inferiores, reduciendo su función a la ejecución mecánica sin capacidad de decisión.
En la era contemporánea, esta mentalidad ha evolucionado. Se manifiesta en la meritocracia basada en pruebas de coeficiente intelectual y en la filosofía de Ayn Rand, quien distinguía entre "creadores" y "parásitos". Actualmente, Peter Thiel encarna la tecnocracia, proponiendo un imperio tecno-capitalista donde impera la "ley del poder" y la desigualdad extrema es vista como un factor positivo para el progreso.
Este marco ideológico ha llegado a Chile. La influencia de Silicon Valley y de figuras como Thiel se observa en el gobierno del presidente Kast, particularmente en la gestión de la ministra Ximena Lincolao, donde se promueve una ciencia subordinada a la rentabilidad económica inmediata y un Estado reducido.
El relato de Phillips-Fein nos invita a analizar y cuestionar profundamente el discurso de quienes, en la actualidad, justifican la desigualdad social y económica.
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