¿Qué sucede cuando el Estado decide qué ciencia es útil y cuál no? El Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación ha introducido modificaciones en los programas de Becas Chile y Fondecyt, específicamente en el instrumento de Postdoctorado.
El cambio es profundo: se establecen áreas prioritarias que podrán absorber hasta el 70% de las adjudicaciones. El problema radica en la notoria ausencia de disciplinas como las ciencias sociales, la matemática pura, las ciencias básicas y las artes y humanidades entre estas prioridades.
Esto no es solo una cuestión de presupuesto, sino un riesgo para el desarrollo equitativo de la carrera académica. En Chile, las universidades suelen basar su jerarquización y evaluación de desempeño en la obtención de proyectos Fondecyt. Al priorizar ciertas áreas, se pone en desventaja sistemática a los investigadores de las disciplinas excluidas, dificultando que alcancen hitos profesionales.
Además, esto no afecta solo a los investigadores noveles. Las postulaciones de postdoctorado requieren de un investigador patrocinante. Si un área no es prioritaria, los académicos consolidados pierden la oportunidad de patrocinar, afectando su propia trayectoria y la formación de nuevo capital humano avanzado.
Esta medida no fue sorpresiva. Ya existían señales claras desde el Gobierno, específicamente del Presidente Kast, sobre una priorización de la investigación aplicada sobre aquella considerada "inútil".
Ante este escenario, es urgente que las universidades reflexionen sobre sus propios criterios de evaluación. No pueden limitarse a reaccionar ante hechos consumados. Es imperativo proteger la autonomía investigativa y asegurar que la producción de conocimiento no dependa de decisiones políticas circunstanciales, honrando la libertad académica sin discriminar por el área del saber. El momento de repensar cómo se valora la contribución científica a la sociedad es ahora.
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