Siete palabras que cambiaron la relación entre Julián Álvarez y el Atlético de Madrid. “Lo mejor para todos es una transferencia”, dijo el delantero argentino durante la Copa del Mundo, refiriéndose al interés del FC Barcelona. Aquella frase le costó la enemistad de la afición colchonera, quienes lo recibieron con silbatinas generalizadas en su primera aparición en el estadio Metropolitano.
La tensión fue evidente durante todo el encuentro. Tras el partido, Álvarez no participó en el saludo tradicional a la grada, retirándose en soledad a los vestuarios. Al respecto, Diego Simeone aclaró que fue una decisión del club alejarlo del campo para evitar más conflictos, y no una elección personal del futbolista.
A solo una semana del cierre del mercado europeo, el futuro del número nueve es incierto. Aunque el jugador ha manifestado su deseo de salir, la directiva del Atleti no tiene intención de desprenderse de él, especialmente para no reforzar a la competencia española. Además, su cláusula de rescisión es de 500 millones de euros, una cifra jamás pagada por un futbolista. El club teme quedarse sin tiempo para buscar un sustituto a la altura de quien registró 49 goles y 17 asistencias en 107 partidos.
Existen opciones remotas como el Arsenal o el PSG, aunque el interés de los parisinos ha perdido fuerza tras el fichaje de Ferran Torres. Mientras tanto, el apoyo interno se mantiene firme. Giuliano Simeone afirmó que “van a morir por Julián en la cancha” y Diego Simeone recalcó la necesidad de estar juntos y cuidar a sus delanteros importantes para ganar títulos.
El tiempo se agota antes del primero de septiembre y la relación con la grada parece haber llegado a un punto de no retorno.
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