Griselda Siciliani rompió el silencio sobre el impacto emocional de su separación y el precio de la fama. Tras la pública infidelidad de Luciano Castro con una joven española en Madrid, la actriz enfrentó una exposición mediática inevitable que hoy, seis meses después, analiza con total sinceridad.
En una entrevista concedida a Julia Mengolini en el ciclo "Mirá quién vino" de Futurock, Siciliani admitió que sufre profundamente cuando su vida íntima se convierte en el centro de la escena pública. "Me llevo mal con eso. Lo sufro", confesó la artista, aunque reconoció el privilegio de que, a pesar de los escándalos, el respeto por su trabajo profesional permanezca intacto.
La actriz reflexionó sobre el origen del chisme, atribuyéndolo a "ridiculeces" y "torpezas", pero subrayó que mantiene una decisión firme desde hace años: no hablar de su vida privada ni de la de terceros. Según explicó, este blindaje le permite manejar mejor las consultas periodísticas, ya que sus colegas saben que no dará declaraciones personales. Sin embargo, admitió que el dolor de la intimidad expuesta requiere un trabajo interno constante para evitar que la herida "se pudra" o se transforme en rencor.
En medio de su sensibilidad, Griselda destacó la importancia de mantenerse "blanda, impermeable y amorosa" para no dejarse ganar por la amargura. Reconoció que, aunque se muestre fuerte, posee una gran fragilidad que debe cuidar para poder seguir adelante. Para cerrar su reflexión con el humor que la caracteriza, citó a Moria Casán con la frase "Vaselina, papi", dejando claro que su prioridad actual es su bienestar emocional y la capacidad de reinventarse sin mirar atrás.
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