¿Sushi y 300 mil pesos en la mano a los 16 años? Para un adolescente, parecía dinero fácil. Para la justicia, es la punta del iceberg del juego ilegal.
Se los llama "cajeritos". Menores de edad que abren cuentas en billeteras virtuales y funcionan como eslabones en una cadena delictiva. Su función es simple pero peligrosa: reciben transferencias de apostadores, les otorgan créditos para sitios clandestinos y se quedan con una comisión. Este mecanismo permite que las empresas de juego ilegal oculten sus movimientos financieros y comprometan a menores en delitos.
Las cifras son impactantes. Reportes judiciales muestran que algunas cuentas recibieron 4 mil millones de pesos en solo 117 días. Incluso se investiga el presunto lavado de 27 mil millones de pesos provenientes de casinos clandestinos. Estas redes operan mediante WhatsApp y Telegram, compartiendo links de sitios que emulan plataformas legales, pero que no están registrados ni tributan impuestos.
La captación es agresiva. Se han detectado publicidades de sitios ilegales en pantallas de colectivos y avenidas principales de la Ciudad de Buenos Aires. El riesgo social es crítico: una encuesta de la Cruz Roja revela que hasta el 66% de los adolescentes no distingue entre sitios legales e ilegales. Además, el 79% de quienes apuestan reconoce un riesgo de adicción y muchos reportan endeudamiento y caída en el rendimiento escolar.
Mientras el dinero fluye hacia monotributistas que reciben sumas incompatibles con sus ingresos declarados, los menores quedan expuestos a la ludopatía y a la sombra de organizaciones criminales que utilizan sus nombres para seguir captando víctimas.
Siguenos en Noticias lat para más noticias.
